El verdadero peligro para México

 


Siempre que en una sociedad se presenta la sistemática violación del Estado de derecho, donde la violencia, la injusticia, la corrupción y la impunidad toman el lugar de las leyes, existe el riesgo de caer en la ingobernabilidad, es decir, en un estado en el que sólo puede predominar el más fuerte.

Esto no quiere decir que los criminales se entronicen automáticamente en el poder, lo que también puede suceder, sino que en el caos resultante de la violación de la ley, sin que nadie ponga remedio a ello, algún líder político, quizás apoyado por las fuerzas armadas, podría en algún momento llenar los vacíos de poder y tomar el control del gobierno.

Nada nuevo en el mundo
Esto no es nuevo aquí ni en muchos otros lugares de la Tierra, pues la Historia ha demostrado a través de miles de años que ahí donde se pierde el respeto a las normas de convivencia social, entre las que destacan las leyes constitucionales, sobreviene el caos social y político, de lo cual resulta frecuentemente la dictadura.

Si alguien dijera que estoy en un error, simplemente me remontaría a la segunda década del siglo pasado en México, donde el gobierno del demócrata Francisco Madero cayó en tal situación de desprestigio ante la sociedad que provocó el arribo de una dictadura en manos del general Victoriano Huerta, con el apoyo de nuestros siempre acomedidos vecinos (los Estados Unidos).

La letra muerta de la ley
Lo que en estos días sucede en Jalisco y en México, donde la inseguridad pública ha llegado a niveles insospechados, con infinidad de homicidios impunes, igual que el deterioro del medio ambiente, donde todo el mundo ve con la mayor pasividad la muerte del Río Santiago, el más importante del Occidente del país, además de la ignorancia y la pobreza que agobian a la mayor parte de la población, no hay duda de que los grandes problemas sociales nos han rebasado, sin que por el momento se vean señales de solución.

En este sentido, la ley se ha vuelto letra muerta, sin que nadie en el gobierno ni en la sociedad muestre verdadera voluntad para rescatarla. Hay desde luego organizaciones sociales que por lo menos muestran interés por remediar las cosas, pero esto no es suficiente.

Asimismo, existe en el ambiente un proceso de campañas electorales donde políticos de diversos partidos prometen cambiar las cosas, pero sin seguridad de que esto pueda suceder, porque la gente ve en estas promesas sólo propaganda encaminada a sumar votos en favor de tales o cuales candidatos.

El verdadero peligro
Lo que podemos concluir es que sería muy peligroso para la sociedad mexicana exponerla, como ahora sucede, a un estado de ingobernabilidad donde el caos resultante daría lugar a una dictadura inconcebible en los tiempos actuales, y esto no solamente en la perspectiva histórica (pues ya hemos pasado por varias de ellas) sino también en el contexto del actual panorama político internacional, donde las dictaduras no tienen aceptación alguna.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 26 de marzo de 2018.

Problemas que nos rebasan


Además de la pobreza y la ignorancia, la inseguridad pública y el deterioro ambiental son dos graves problemas de Jalisco y de México que desde hace tiempo rebasaron al gobierno y a la sociedad, sin que exista la menor señal de que podamos enfrentarlos con éxito en el corto o mediano plazo.

Hay angustia ante esta situación y lo peor es que las autoridades reconocen una y otra vez que poco o nada pueden hacer para hacer frente a tales calamidades. Es increíble que funcionarios de todos los niveles permanezcan en sus cargos, cobrando tranquilamente, a sabiendas de que no cumplen con su deber.

Pasividad pública y privada
La respuesta oficial ante esta situación es prácticamente nula. Sin embargo, también hay alto grado de pasividad en los sectores privado y social como si no estuviera de por medio nuestra propia seguridad y la de nuestros hijos.

Respecto a la inseguridad, ya vemos normal que aumente día tras día el número de homicidios y que el país se llene de tumbas clandestinas, mientras que en el aspecto ecológico, ríos tan importantes como el Santiago, el de Guadalajara, el mayor del Occidente de México, agoniza ante nuestros ojos, al tiempo que se destruyen los bosques, incluyendo las montañas que rodean el Lago de Chapala, eje fundamental del sistema ecológico de la región.

Nuestras organizaciones
Ciertamente, existen en el Estado y en el país grupos de activistas que luchan por mantener el equilibrio ecológico y por abatir la criminalidad, pero su labor no es suficiente porque no alcanza a permear en la sociedad y menos a convertir sus proyectos en acciones de gobierno, pese a que las autoridades protestaron en su momento cumplir y hacer cumplir las leyes.

Asimismo, disponemos de organizaciones de prestigio que nada han podido hacer para obligar a las autoridades a cumplir sus obligaciones, como son la Cámara de Comercio de Guadalajara y la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística de Jalisco, que en otros tiempos abanderaron importantes causas de la ciudad y del Estado.

Bueno sería que la Cámara de Comercio se comprometiera firmemente en contra de la corrupción y la impunidad y por una verdadera campaña de seguridad pública, y que a su vez, la Sociedad de Geografía repitiera la excelente labor que realizó en los años 50 del siglo pasado en favor de Chapala y del Río Santiago.

Los periodistas
Dentro de estas campañas no podemos quedar fuera los periodistas de los diversos medios de prensa, radio, televisión e internet, ya que urge sobre todas las cosas retomar los rumbos de servicio público que en otros tiempos justificaron su presencia.

Para ello se requiere, en primer lugar, que reporteros y comentaristas demos puntual seguimiento a los problemas que día tras día se denuncian y que raras veces llegamos a saber cómo se atienden, si es que se atienden, porque lo más seguro es que no; de otra manera, estos problemas no estarían constantemente en las primeras planas de los medios, incluso con estadísticas cada vez más alarmantes.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 19 de marzo de 2018.

Las viejas calles de Guadalajara


Con afán oportunista, políticos de todos los tiempos no sólo han pretendido cambiar los nombres de los pueblos, sino también los de importantes calles de ciudades y poblaciones de Jalisco y de todo el país.

En Guadalajara, por ejemplo, pasaron a la historia nombres de calles tan antiguas como la de Agua Fría, que era un tramo de la actual Calzada Independencia, así como la Alameda, sobre el hoy Parque Morelos; Santo Domingo, actual Avenida Alcalde; Beaterio, hoy Juan Álvarez; Aranzazú, hoy Miguel Blanco (de quien por cierto se ignoran méritos); “La Muela del Diablo”, hoy Venustiano Carranza; calle de la Aduana, actual Avenida Colón; San Francisco, llamada luego 16 de Septiembre; calle del Carmen, actual Avenida Juárez, ya ampliada, y “El Gallito”, hoy Manuel Acuña, entre muchas otras.

La calle Manuel Acuña
Caso concreto de cómo se las gastan los políticos para cambiar por decreto no sólo los nombres de los pueblos, sino también los de las calles, paso a describir (con datos del historiador tapatío Ramiro Villaseñor) los antecedentes del por qué tenemos hoy en Guadalajara una importante calle llamada Manuel Acuña.

Cosas de la vida: En diciembre de 1873 se suicidó en plena flor de su juventud, cuando apenas tenía 24 años de edad, el gran poeta coahuilense Manuel Acuña, autor del famoso poema “Nocturno a Rosario” que había dedicado a Rosario de la Peña, musa de su época, de quien estaba perdidamente enamorado, pero mal correspondido.

Manuel Acuña se llama una de las calles más céntricas de esta ciudad, pero esto no se debe precisamente al ferviente reconocimiento de los tapatíos por este vate, sino a una circunstancia política muy especial de tiempos de la Revolución.

Halago al gobernador Aguirre
Sucede que la calle Manuel Acuña, primero se llamó “El Gallito”, y en 1893, al cumplirse el centenario de Antonio Alonso, fraile español de la orden de Santo Domingo que vino con el señor Alcalde para colaborar en la construcción del Hospital de Belén, se le puso el nombre de éste, habiéndose colocado la placa conmemorativa en la esquina noroeste de esta calle y la de Santo Domingo, hoy Avenida Alcalde.

Sin embargo, en 1915, para halagar al entonces gobernador de Jalisco, Manuel Aguirre Berlanga, coahuilense, y al primer jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, también de Coahuila, hubo políticos locales que, ignorando la historia de la ciudad, y sólo para quedar bien con ambos funcionarios, le impusieron el nombre de su paisano Manuel Acuña.

La política, arriba de la historia
Tales son los antecedentes del nombre de esta calle, que muchos recorremos infinidad de veces cuando visitamos el centro de la ciudad, y a lo largo de la cual se encuentra nada menos que Casa Jalisco, residencia oficial del gobernador del Estado.

¿Moraleja? Quienes aún sentimos cariño y respeto por nuestras ciudades, pueblos y calles, donde nacimos, vivimos y seguramente moriremos, hemos de tener cuidado con aquellos políticos que prometen cambiar la historia, pero no piensan en otra cosa que en sus personales intereses.

javiermedinaloera.com

 

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 12 de marzo de 2018.

 

La lectura, base de progreso


A través de la Historia hemos visto que los pueblos que más leen son los que mejor salen adelante, porque el conocimiento es y será siempre base de progreso.

Hace unos días una amiga periodista publicó en redes sociales una fotografía donde se ve a mucha gente sentada en una antesala de gobierno (en Guadalajara) sin hacer absolutamente nada. “Si amaran la lectura –dice mi amiga–, los tiempos de espera serían más soportables y de paso más productivos. Hasta les brillarían tantito sus ojos. Pero sólo una persona entre más de cien que alcanzo a ver…tiene un libro en la mano. Como si no latiera su corazón. Ellos se lo pierden”.

En efecto, un pueblo que no lee está condenado al atraso.

Recordé que hace 20 años, cuando tuve oportunidad de visitar la ciudad de Berlín, en la entonces recién unificada Alemania, observé que tanto en los aviones como en el Metro el 80 por ciento de la gente se ocupaba en leer periódicos, revistas o libros, lo que me causó una gran impresión, ya que jamás había visto tanto interés popular por la lectura.

Recordando entonces la situación de México en este importante aspecto, me nació la idea de escribir la columna titulada “Vamos a leer”, que mes a mes publica hoy “México Rural”, la revista de mayor circulación en las zonas marginadas del país.

Nos falta una gran comunión entre sociedad y gobierno para impulsar la lectura y en general todas las manifestaciones culturales.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por la revista México Rural en su edición de marzo de 2018.

 

Héroes y santos desairados

 


Los últimos días han sido tristes para el periodismo jalisciense, pues en apenas dos semanas fallecieron tres excelentes colegas y amigos como lo fueron Memo García, Ernesto Zenteno Covarrubias y Sergio Ignacio Martínez. Sin embargo, la vida sigue y hemos de seguirla en el oficio que escogimos, hasta que Dios nos llame también a nosotros.

Hoy quiero dar seguimiento a mi columna anterior titulada “Inútil cambiar nombres de pueblos”, porque la historia ha demostrado que es innecesario cambiar esos nombres, pues la gente continúa llamándoles igual que siempre, haciendo caso omiso de decretos que sólo sirvieron en su momento a políticos oportunistas.

La gente rechaza que les cambien de nombre a sus pueblos, pero además no muestra interés por los agregados con que políticos y clérigos han querido honrar a los héroes y a los santos. La historia muestra que tanto unos como otros no han logrado “pegar” en el ánimo popular, ya que la gente sigue llamando a sus comunidades con su nombre original, sin agregado alguno. Van unos cuantos ejemplos de Jalisco, sin mencionar los del país que suman miles.

Santos desairados
Entre los santos desairados en este sentido figura nada menos que San Pedro, empezando por la vecina población de Tlaquepaque, cuyo nombre oficial es San Pedro Tlaquepaque, pero que todo el mundo llama simplemente Tlaquepaque.

Y volteando al Norte, tenemos a Colotlán, que en su fundación española fue llamado San Luis Obispo de Colotlán, pero que a la fecha es sólo Colotlán, lo mismo que Temastián del Espíritu Santo (mi tierra), que se quedó simplemente como Temastián, y además San Diego de Huejuquilla, que hoy es llamado sencillamente Huejuquilla.

Puedo mencionar muchos pueblos más con agregados de santos que no han “pegado” en la cultura popular, pasando por otros que se antojan raros como San Ignacio Cerro Gordo, en Los altos, y hasta en cierta forma irrespetuosos como San José de las Burras, en el municipio de San Gabriel.

A los héroes no les va mejor
En este sentido, tampoco a los héroes les va bien, pues tenemos a un lado de Guadalajara a Tlajomulco de Zúñiga (en honor al general revolucionario Eugenio Zúñiga), hoy llamado generalmemte Tlajomulco, o a Tepatitlán de Morelos (que recuerda al gran insurgente) conocido sólo como Tepatitlán y más popularmente como “Tepa”.

Y por el mismo rumbo, está Cañadas de Obregón (en honor al distinguido caudillo sonorense), que la gente sigue llamando sencillamente Cañadas.

En uno de los peores casos figura Ahualulco de Mercado (llamado así en honor del distinguido cura José María Mercado), cuyo apellido no sólo omite la gente, sino que suele pronunciarlo de mala manera diciendo “Ahualulco del Mercado”, lo que resulta hasta ofensivo para el ilustre insurgente.

Conclusión
Entre errores de políticos y desaires de la gente no gana uno para vergüenzas. Mejor es dejar los nombres de nuestros pueblos como siempre fueron, de acuerdo con su significado original. En esto, nuestros antepasados indígenas nos enseñaron bastante. Aprendamos de ellos.

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 5 de marzo de 2018.

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“Inútil cambiar nombres de pueblos

Inútil cambiar nombres de pueblos

Ahora que irrumpen en la esfera política algunos ciudadanos que prometen “cambiar la historia” (como si esto fuera tan fácil), preciso es recordarles que nunca en Jalisco ni en México pudieron prosperar ideas contrarias a la cultura, costumbres y tradiciones de los pueblos.

Lo digo porque ya se les ocurrió a políticos locales retirar la antigua tradición de las calandrias de caballos en Guadalajara y atentar, además, contra la cultura católica, al instalar una escultura absolutamente contraria a las tradiciones tapatías.

Por más que estos políticos insistan en “modernizar”, no lograrán así su objetivo, porque la historia, esa gran maestra, nos enseña que quienes atentan contra las costumbres y tradiciones de los pueblos, fracasan rotundamente, empezando, en México, por el todo poderoso general Porfirio Díaz, cuando a fines del siglo 19 y principios del 20 prohibió por decreto el calzón blanco entre los indígenas y rancheros mexicanos (La prohibición del calzón blanco en México).

Pero hoy abordo el tema de nombres de pueblos jaliscienses que políticos de otros tiempos trataron de cambiar por los de revolucionarios y santos, sin lograr su objetivo, porque la gente siguió llamándoles como era su costumbre, sin hacer el menor caso de decretos inútiles.

Zapotlán El Grande
Zapotlán El Grande se llamó siempre al municipio de Ciudad Guzmán, en el Sur de Jalisco, pero en 1856 se le ocurrió a algún político otorgarle por decreto el nombre de Ciudad Guzmán en honor del insurgente Gordiano Guzmán. Sin embargo, la gente le siguió llamando Zapotlán, “lugar de frutos dulces y redondos”, razón por la cual al gobierno, tras casi siglo y medio, no le quedó más remedio que devolverle su nombre original. De este modo, en 1997, el municipio recuperó su antiguo nombre de Zapotlán El Grande, conservando el de Ciudad Guzmán sólo su cabecera.

San Gabriel
En el mismo Sur de Jalisco se ubica el pueblo de San Gabriel, que adquirió su nombre desde tiempos de la Colonia, pero que en 1934 adoptó el de Ciudad Venustiano Carranza, siguiendo aquella moda de imponer nombres de revolucionarios a pueblos que ostentaban los de santos.

Pero la gente de aquel lugar y de todas partes le siguió llamando San Gabriel, razón por la que décadas más tarde el Congreso de Jalisco dispuso por decreto que San Gabriel recuperara su nombre original.

San Francisco de Asís
Otro caso es el de San Francisco de Asís, próspera población del municipio de Atotonilco, en Los Altos, que desde tiempos de la Colonia se llamó así, pero llegaron los políticos y le impusieron “Francisco Javier Mina”. Entonces la gente, acostumbrada al nombre de San Francisco, pero obligada por el gobierno le llamaron simplemente “San Francisco Javier Mina” (Verdadero sincretismo).

Igual que en los casos anteriores, el Congreso del Estado no tuvo más opción que devolverle su nombre original al pueblo de San Francisco de Asís.

Y así como estos casos, hay muchos más en Jalisco y en México, donde se demuestra que muy por encima de los caprichos de políticos oportunistas prevalecerá siempre la voluntad popular.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 19 de febrero de 2018.

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Los nombres de nuestros pueblos.

 

Réquiem por un río

No hay palabras para expresar la tristeza causada por la muerte de un río, y no de cualquier río, sino el Grande de Santiago, el de Guadalajara, el más importante del Occidente de México.

La reciente nota que anuncia la disminución de multas por la contaminación del Santiago, de 44 en 2009 a cinco el año pasado, me dejó frío. Ante estos números, cualquiera diría que las cosas mejoran, pero muy por lo contrario, todo indica que empeoran.

Nadie habla hoy de la descontaminación del Santiago, sino de la corrupción, negligencia e irresponsabilidad del sector público y del privado, porque esta disminución de multas no significa que el río esté menos contaminado, sino que la autoridad se hace de la “vista gorda” para lucrar a costa de la salud de las presentes y futuras generaciones de Jalisco y de México. ¡Triste panorama!

La agonía y muerte del Santiago es un hecho, y creo que irreversible, porque para recuperarlo se requiere mucha voluntad política de las autoridades federales, estatales y municipales y un extraordinario esfuerzo de la sociedad civil, que no veo por ninguna parte.

Tiempos aquéllos
Uno de los primeros obispos de Guadalajara, De la Mota y Escobar, al describir el territorio de la Nueva Galicia, se refería a principios del siglo 17 al Río Grande de Santiago como un enorme caudal de aguas cristalinas, puras y saludables, donde abundaban variedad de peces que eran la delicia de los habitantes de estos rumbos.

Tal testimonio fue corroborado siglos más tarde por muchos viajeros que recorrieron estas tierras, como el italiano Giacomo Constantino Beltrami, quien en 1824 se refirió al Salto de Juanacatlán en la forma siguiente:

“El río se abre paso a través de un “seminario” de rocas dispersas en una pendiente; después se inclina sin tropiezos sobre una de las bocas del precipicio y ofrece una extensión de agua cristalina que se desliza sin ruido. Allí, entre mil curvas, se precipita fogosamente y se levanta en mil pequeñas cascadas separadas; en otro lugar parece una cuna estrecha, para precipitarse después con toda su enorme masa desde una gran altura con un ruido ensordecedor; más lejos, serpentea entre pequeñas islas y rocía árboles majestuosos, cuya sombra desparrama mil colores sobre las ondas; luego se oye que muge, pero ya no se le ve hasta que reaparece en el fondo de un abismo, escapando con gran furia del precipicio que quiere encadenarlo. Me encantaría poder pintar este espectáculo, pero me es imposible. Dudo mucho que los poetas y los pintores más hábiles puedan reproducir este lugar tal y como la Naturaleza lo ha creado…”

La letra muerta de la ley

En los años 60 conocí El Salto de Juanacatlán en todo su esplendor. Fue entonces cuando se creó el corredor industrial de El Salto que impulsó el desarrollo económico de Jalisco. Desde entonces se previó la manera de evitar la contaminación del río, pero la ley es letra muerta cuando no hay voluntad de cumplirla.

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Nadie como ellos disfrutó el paisaje.

Ladrones y, para colmo, cínicos

La cultura popular, intocable

En aras de una modernización mal entendida, políticos de la nueva hornada se han lanzado contra costumbres y tradiciones populares, a las que no se puede combatir, a menos que se tenga el propósito de confundir a la gente, eliminar ideologías y llegar al poder y mantenerlo a como dé lugar, cosa que huele a fascismo.

El ejemplo lo tenemos ya en Guadalajara, donde la autoridad municipal insiste en acabar con las calandrias de caballos, que son patrimonio cultural de esta ciudad desde hace más de un siglo (con antecedentes en toda la época virreinal), pero además irrumpe estrepitosamente contra el pueblo católico al ofenderlo con una escultura, la del llamado sincretismo, que atenta incluso contra la historia, pues confunde a las diosas Coatlicue y Tonantzin.

En primer lugar, nada tienen que hacer los políticos tratando de reorientar las creencias religiosas de la gente, que datan de siglos o milenios, pues aparte de que el gobierno debe ser laico, porque así lo ordena la Constitución, las religiones pertenecen a la cultura popular, y ningún político tiene derecho a entrometerse con ellas. Ya lo dijo el Benemérito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.

¿Qué pensarían, por ejemplo, los judíos, si de buenas a primeras el gobierno se lanza contra las sinagogas… O los de Hermosa Provincia, contra Joaquín Aarón… Igual que contra protestantes, anglicanos, musulmanes y tantas otras creencias que conviven en nuestro Estado?

Respeto por los demás
Respetemos a los demás por sus costumbres, tradiciones, creencias y formas de ser y de vivir, ya no digamos por su trabajo heredado por padres y abuelos, como es el caso de los calandrieros tapatíos, que lo único que piden es respeto por su legítima labor, en mala hora calificada como ilegal por el gobierno municipal.

Recordemos que cualquier cambio en cuestiones de patrimonio popular debe ser consultado a la gente, con mayor razón si se trata de un gobierno que se ostenta como “ciudadano”. Es un contrasentido hablar de “movimientos ciudadanos” cuando se ignora lo que a la opinión pública se refiere.

Cultura popular, intocable
El patrimonio popular no puede estar sujeto al vaivén de los criterios de cada gobierno o partido que busca el poder, porque entonces la sociedad se volvería un verdadero desastre. Hay que atenerse a las leyes para estos casos, y de hecho existen, sólo falta respetarlas. Y si no las respetan quienes aspiran a gobernar, ¿qué se puede esperar?

Hay, por ejemplo, muchos pueblos jaliscienses que han sido declarados “mágicos”, porque merecen serlo, pero si de buenas a primeras llega un político que les quita el nombre, porque así le da la gana, ¿de qué se trata?

Esto recuerda los viejos tiempos de la post-Revolución en que a los políticos les dio por cambiar los nombres antiguos de los pueblos por los de santos o revolucionarios. Nunca funcionó la idea, porque al final de cuentas la gente siguió llamándoles como antes, y no es por desengañarlos, pero así ocurrirá con todo lo que realmente tenga raíces populares.

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La prohibición del calzón blanco en México

General Antonio López de Santa Anna. Wikipedia.

Por una sucesión pacífica

Se acerca la sucesión presidencial, una de las más difíciles en la Historia de México. Sin embargo, hemos de confiar en la habilidad de nuestros políticos, generalmente convenencieros, para garantizar que esta sucesión sea pacífica, porque la gente ya se hartó de politiquería, y lo peor es que por la desmedida ambición de estos políticos se generaran reacciones violentas.

La cuestión es que, al parecer, las encuestas favorecen al candidato de supuesta izquierda, Andrés Manuel Obrador, quien a estas alturas de la contienda se mantiene firme en la delantera ante sus principales opositores Mead y Anaya, del PRI y del Frente, respectivamente.

En consecuencia, hay mexicanos a quienes les causa escozor la mera posibilidad de que López Obrador pueda alcanzar la mayoría de votos en las próximas elecciones de julio.

Que nadie cante victoria
Nada es seguro todavía, pero a juzgar por ciertas manifestaciones, entre las que destacan los más recientes discursos de Obrador en que habla ya como presidente electo (lo cierto es que nunca dejó de hacerlo), cualquiera pensaría que las negociaciones entre políticos de diversos partidos se encuentran avanzadas para la sucesión, si no es que arregladas.

A nadie extrañaría este posible escenario, dada la proclividad de nuestros políticos para acomodarse de la mejor manera en cuanto ven una causa perdida; por naturaleza e históricamente han sido convenencieros, con sus muy honradas excepciones.

Críticas al delantero
En esta etapa de la contienda menudean las críticas a Obrador por parte de quienes no lo quieren y nunca lo quisieron. Entre estas críticas destaca que buscaría eternizarse en el poder, ya que –dicen—el problema no es que alcance la Presidencia sino que se niegue a dejarla, como don Porfirio. Es decir, lo tildan de posible dictador (Valga decir que su edad ya no le ayuda para esto).

A estas alturas hay, por supuesto, otros mexicanos que, sin haber comulgado nunca con López Obrador, confían la suerte de México a la Divina Providencia. ¡A rezar, pues..!

La paz ante todo
En fin, las cosas no están para llorar, pero sí para preocuparse por el futuro del país donde nacimos, vivimos y seguramente moriremos. Aquí están nuestras raíces y nunca renunciaremos a ellas.

Lo que podemos decir en este momento es que ojalá nuestros políticos vean ahora no sólo por sus conveniencias –a las que son tan adictos—sino también por los máximos intereses de la nación, y no permitan que por ambiciones personales o de grupo se fracture la paz social (más de lo que ya está).

Necesario es garantizar a toda costa una sucesión pacífica del poder a partir de las próximas elecciones presidenciales. Y esta gran responsabilidad recae principalmente sobre el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, pero también entre los principales protagonistas de la contienda, incluyendo al propio López Obrador, a quien nadie le perdonaría que si efectivamente pierde la elección, trate de violentar al país.

Esperemos que, con todo y los nubarrones de tempestad que se ciernen en el cielo nacional, todo se resuelva en sana paz.

 

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del lunes 5 de febrero de 2018.

 

Mejoremos las redes

Las redes sociales han caído de perlas a muchos de la tercera edad y también a los jóvenes, es decir, a la mayor parte de la sociedad, porque en primer lugar estas redes son divertidas; la gente se entretiene alegremente haciendo bromas con sus amigos y hasta con desconocidos, cosa imposible de imaginar hace apenas unos años.

Sin embargo, creo que en estas redes no debemos buscar únicamente la diversión, sino también la ilustración, es decir, el mejoramiento de la especie humana, todo aquello que sirva para que la gente pueda superar día tras día sus condiciones de vida, su salud física y mental, su economía, su bienestar, a través de una buena comunicación.

Todos los medios de comunicación, desde el libro, el periódico, la revista, y después la radio y la televisión, pudieron desde el primer momento de su invención aportar algo en beneficio de la Humanidad; muchos lo hicieron, otros no, pero el planteamiento ético en este sentido se estableció desde tiempos muy remotos y sigue vigente.

Ante el medio más poderoso
Ahora contamos con otro medio de comunicación seguramente más poderoso, que es Internet, diversificado a través de una amplia gama de redes sociales, donde la gente desahoga muchas veces sus preocupaciones, sus angustias, pero que también trata de aportar algo en beneficio de sus semejantes.

Para ello todos hemos de poner un granito de arena. Esto no es fácil, porque en una comunicación tan abierta a la sociedad nacional e internacional, como son las redes, cualquiera puede equivocarse, y más tratándose de mensajes tan telegráficos como los que exigen estas redes.

El respeto a los demás, ante todo
En primerísimo lugar, en esta nueva era de la comunicación, hemos de privilegiar el respeto a los demás, conscientes de que existen en el mundo muchas formas de vivir, de pensar y de actuar, posiblemente contrastantes con nuestras costumbres y ancestrales tradiciones locales.

Ante esta necesidad, hace unos días publiqué en mi página de Facebook un mensaje en el que pedí a mis cinco mil contactos (el máximo que esta red permite) que no se expresaran con insultos, porque los insultos degradan en primer lugar a la persona que los expresa, pero también ofenden a quien los recibe.

La inmensa mayoría de mis contactos estuvo de acuerdo con esta petición, porque la consideraron correcta (Claro, en mi página he tenido el cuidado de seleccionar a mis contactos, y no podía esperar menos de ellos).

Libertad sí, pero no libertinaje
Sin embargo, hubo quienes no estuvieron de acuerdo, apoyándose en la libertad de expresión, consagrada por las leyes. Dijeron que ellos pueden hablar como les venga en gana. Algunos de mis amigos me sugirieron que bloqueara a estas personas, pero no lo hice, porque todos tenemos derecho a disentir y a equivocarnos.

Hay un punto fundamental que hemos de considerar: Queremos libertad, sí, pero sin libertinaje. Son dos cosas distintas: libertad para decir las cosas, perfecto, pero cuando esta libertad se convierte en libertinaje, no conviene a una sociedad organizada. Si las leyes están mal, ¡Cambiémoslas!

javiermedinaloera.com

 

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del 28 de enero de 2018.