Las cosas no son como parecen

 


Hace unos días causó revuelo un video divulgado por las redes sociales y por algunos medios periodísticos profesionales acerca de un maestro de la Universidad de Guadalajara que aparece en su salón de clases haciendo rudos comentarios contra las mujeres, frente a sus alumnos.

Pero luego resultó, de acuerdo con la propia versión del profesor, quien imparte su cátedra en la Preparatoria No. 10, que hizo tales comentarios para ejemplificar un caso concreto de violencia intrafamiliar, aunque admitió haber utilizado un lenguaje impropio para un académico.

Alguien, presuntamente por venganza, grabó esa clase en video, pero lo editó luego con alteraciones de fondo, para difundirlo a través de las redes y hacer aparecer al docente como un misógino, enemigo de la mujer, y no como un maestro contrario al machismo, que es como se muestra en el video original.

Falta de profesionalismo
Con demasiada frecuencia se publican en las redes sociales noticias falsas, publicadas o compartidas muchas veces por ignorancia, es decir, por gente que se deja llevar por el amarillismo o el impacto del momento sin tomarse la molestia de constatar que tales informaciones sean verídicas.

Sin embargo, a menudo también se hacen publicaciones con toda la mala intención, como parece ser el caso que se comenta, sorprendiendo así la buena fe de la gente.

Se comprende que muchos ciudadanos, ajenos a la disciplina periodística que determina los métodos para corroborar si una información es cierta o falsa, incurran en la acción de publicar o compartir algo indebido, sobre todo ahora en que es tan fácil hacerlo a través de Internet.

Lo que no se puede concebir es que los profesionales de la información también se vayan en ocasiones con esta clase de “fintas”, porque se supone que ellos están preparados precisamente para detectarlas con oportunidad y evitar su publicación debido al daño moral y hasta económico que pueden causar a terceros.

Los sentidos fallan
Desde hace muchos años la ciencia estableció que frecuentemente las cosas, tangibles o intangibles, no son como aparentan ser, porque los sentidos fallan. A menudo los seres humanos vemos, leemos, oímos, tocamos, olfateamos, no exactamente lo que es, sino lo que queremos o esperamos que sea, de suerte que nuestras apreciaciones inmediatas resultan muchas veces equivocadas.

En la actualidad se ha vuelto tan común denigrar a los demás por cualquier motivo, sin comprobación alguna, que ya nadie puede estar seguro de conservar su buena imagen, uno de los principales derechos de todo ser humano.

De ahí la importancia de checar y rechecar, por estricta justicia, las cosas que consideramos importantes o que pudieran tener alguna consecuencia negativa para los demás, como es la divulgación de mensajes que pudieran afectar el honor o el buen nombre de alguna persona y de su familia.

Si esta es una exigencia moral para toda clase de lectores, con mayor razón lo es para los profesionales de la información, que son los comunicadores, en quienes resultan realmente imperdonables estos errores.

javiermedinaloera.

 

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 12 de marzo de 2017.

El respeto en redes sociales


Hace unos días, amigos míos se enfrascaron en mi página de Facebook en un altercado en el que salieron a relucir ofensas personales ajenas por completo al tema que se discutía. Con este motivo publiqué en la misma página un breve comunicado para aclarar mi posición, porque incluso uno de ellos me advertía: “Bloqueame si quieres”, pero este tal por cual…, etcétera. Respondí así:

“A todos mis contactos, que considero amigos: En mi condición de periodista, no puedo bloquear a nadie por su opinión, porque la libertad de expresión es un principio básico universal, pero me duele que falten al respeto a los demás. Si no están de acuerdo con algo, por favor exprésenlo con fundamentos sólidos, serios, creíbles, porque si no es así, si recurren al insulto, a pesar mío se pondrán en ridículo. Acuérdense que miles de personas, en su mayoría inteligentes, nos están leyendo y saben quiénes somos. No nos expongamos. Un gran saludo”.

Nunca esperé tan amplia respuesta de los lectores, ya no digamos de mis amigos, a este breve mensaje; cientos de ellos se comunicaron conmigo para expresar su acuerdo con el concepto.

La gente está harta de violencia
Lo cierto es que hoy la gente, particularmente los mexicanos, estamos hartos de violencia. Y ésta, habrá que recordarlo siempre, empieza con palabras, con el lenguaje. Todos fuimos niños y recordamos los pleitos en la escuela o en la calle, que siempre empezaron con ofensas personales, alentadas por los que sólo querían ver sangre: “¡Tu madre!”, “¡La tuya!”, etcétera. No hay violencia física que no comience con una comunicación equivocada.

De ahí que debamos cuidar lo que decimos verbalmente o por escrito, porque esto tiene consecuencias. En el mundo de Internet parece muy fácil sentarse ante la computadora y decir todo lo que se nos ocurre, sin pensar en el impacto social, en los posibles resultados.

Prudencia, tolerancia y respeto
En estos tiempos de intensa comunicación entre las más diversas culturas del país y del mundo, no nos queda otra opción que ser prudentes, tolerantes, respetuosos con los demás, sobre todo si ni siquiera sabemos quiénes son, porque es un gran error ofender al prójimo, pero es peor hacerlo sin conocerlo.

Este principio no es otro que el ya repetido infinidad de veces por los grandes pensadores de la Humanidad: Herodoto, Confucio, Jesucristo y otros muchos. “No hagas a otro lo que no quieras para ti”. Es decir, si quieres ser respetado, respeta.

El problema es que en estos tiempos de Internet pensamos con frecuencia que se vale insultar a cualquiera, simplemente porque hay manera de hacerlo. En un mundo tan grande nos encerramos, sin embargo, en uno muy pequeño, creyendo que los derechos humanos, la libertad de expresión, etcétera, nos protegen, pero no es así.

Las redes sociales facilitan la comunicación, pero no borran los principios básicos de educación, urbanidad, el respeto que debe prevalecer siempre entre las personas de cualquier nacionalidad y condición, en base a viejos valores que no pasan de moda.
javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 29 de enero de 2017.

Cambió la técnica, pero no la ética

Hace tiempo publiqué en mi página web un mensaje referente al uso de las redes sociales que causó revuelo; dio pie a numerosos comentarios de gente de todas las edades y condición social sobre este maravilloso fenómeno de comunicación, que gracias a la tecnología moderna vivimos las actuales generaciones.

Mi mensaje señalaba:

“Quiero decir algo que considero importante: lo básico, fundamental de las redes sociales es la correspondencia entre las personas que se relacionan entre sí, de suerte que si tú pones un “like” en los mensajes de la gente que te interesa, pero ellos nunca contestan a tus propios comunicados, quiere decir que no les importas. Mala señal. ¡Pero aguas con el concepto!, porque también puede suceder que la gente a la que te diriges no sabe cómo contestarte. Lo cierto es que en esta era de Internet estamos aprendiendo todos. Prudencia, tolerancia, también malicia, es lo que su amigo les recomienda”.

Esto motivó gran número de comentarios sobre la corresponsabilidad en las relaciones humanas, la utilidad de las redes, el buen y mal aprovechamiento de las mismas, la falta de pericia en su manejo (que frecuentemente se confunde con la falta de interés por los mensajes de amigos o contactos), la selección de amigos, el respeto a los demás, que nunca debe perderse, y otros aspectos.

Al ver tan amplia respuesta, que rebasó con mucho mi inquietud original sobre la correspondencia que debe existir en redes sociales, como en cualquier otra relación humana, sentí desde luego el cambio social tan importante que hoy vivimos y que ni idea tenemos en dónde pueda parar, porque es un fenómeno mundial en el que se mezclan infinidad de culturas para cuya comprensión quizás no estemos preparados.

Por principio de cuentas, y volviendo a mi preocupación inicial, he de insistir en que la correspondencia en redes sociales, como en cualquier otra relación humana a la que estemos habituados, debe prevalecer siempre, es decir, responder a cualquier mensaje que te envían, por lo menos con un “like” (para saber que estás enterado), mostrar siempre respeto y atención a los demás; si no estás de acuerdo con algo, exponer tus mejores argumentos y evitar obviamente cualquier insulto que sólo demerita a quien lo expresa.

En otras palabras, la comunicación en redes sociales no tiene por qué ser diferente a la que estamos habituados en la vida real. En este sentido, me parece absurdo, por no decir brutal, cobarde, que algunos expresen en las redes lo que no se atreven a decir cara a cara, en persona. En cuanto a valores éticos, la comunicación social es y ha sido la misma; la urbanidad y la educación no han cambiado, sólo cambió la técnica para expresar nuestras ideas.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por la revista Portada de México en su edición de noviembre de 2016.

Aprendiendo a leer

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Colaboración del periodista ALFREDO IBARRA RIVAS

Alfonso Alcaraz,  nuevo profesionista en ciencias de la comunicación avanzó con pasos largos y firmes hasta el estrado del auditorio del paraninfo la Universidad de Guadalajara, Jalisco con la encomienda de leer un discurso de agradecimiento.

Pese a la  temperatura graduada muchos de los asistentes transpiraban copiosamente, en parte por el nerviosismo de llegar a conocerse que reprobaron en lectura.

Seguro de su apariencia,  Alcaraz colocó en el atril del anfiteatro de la Universidad de Guadalajara un breve discurso de dos cuartillas agradeciendo a sus maestros y familiares los esfuerzos para que lograra la licenciatura en ciencias de  la comunicación.

Estaba consciente de su limitación en lectura pero sabía encubrirlo  seseando, evitando el sonido claro de las palabras y con grandes silencios.

La arrogancia de sus 25 años y la posibilidad de tomar cursos de capacitación o seminarios en el futuro le concedían la oportunidad de superar esa limitante.

La iluminación se redujo y el conductor del acto dio a conocer el programa mientras el nuevo profesionista, en su turno, se aventuró en exponer su mensaje.

Resultó  incomprensible, poco claro y viciado por el sonido del micrófono, recursos circunstanciales pero también programados.

Los maestros conocen y reconocen desde hace décadas la incapacidad lectora de muchos de sus estudiantes y los recursos utilizados para disimularlo, tanto que se estima como normal.

Esta deficiencia representa un lastre que difícilmente podrá superarse mientras el estudiante o el profesionista no se empeñe en salvar esa etapa.

Se inculca entre los estudiantes que la lectura es el mejor camino para aprender, sin embargo, como cita José Joaquín Fernández de Lizardi, “no todos quienes leen saben leer”.

Se les dice que se lee para comunicar, para aprender. Es el mejor camino de superación. Los nuevos  period¡stas saben que además del placer que brindan los libros, leer mejora el estado de ánimo, favorece la creatividad, aprovecha el ocio reduce la soledad, eleva la auto estima y la empatía, aumenta la cultura, favorece las condiciones  intelectivas y el razonamiento, permite influir en los escuchas y  faculta el disfrute de uno de los mayores placeres de la vida.

Se reconoce además que es la mejor forma de aprender o mejorar la ortografía, el sistema de puntuación y la sintaxis. Leer es el mejor principio para escribir.

Independientemente de privarse de la mayor aventura, del más grande ejercicio creativo, según dice el escritor Antonio Acevedo Linares se margina a la persona de la capacitación para aprovechar mejor las oportunidades de estudio o de trabajo.

Al comenzar a leer la primera tarea es interpretar los códigos de los participantes –emisor y receptor, y ajustar el lenguaje y el estilo de la contraparte.

La incapacidad lectora puede ocultarse y encubrirse por años a un costo muy alto considerando que la lectura es el principal  factor de aprendizaje.

En el Paraninfo, esa fecha, la entrega de constancia permitió a Manuel gozar uno de los mejores días de su vida.

Con orgullo mostraba el documento probatorio de haber cursado los estudios y al concluir la parte académica, siguiendo la tradición, en la explanada, lanzaba una y otra vez al aire el birrete negro y la carta de pasante en el que destacaba una horrible x, un tache al rubro de lectura.

El documento daba constancia  que no sabía leer.

Situación molesta repetida en muchos de los nuevos profesionistas.

Una decena de sus condiscípulos se encontraban en esta situación y se toleraba por tratarse de un hecho común.

El Paraninfo vestía de gala, muy bien iluminado, como corresponde a  la casa de la cultura en Jalisco, visita obligada de literatos reconocidos, algunos ganadores de premios Nobel, también  estadistas, y gobernantes.

Jóvenes, adultos y aún personas de la tercera edad, familiares y amistades presenciaban la entrega de títulos por fin de curso.

La alegría invadía el ambiente sin afectar la solemnidad del acto académico.

Formando corrillos, los recién egresados comunicaban sus aprehensiones y recordaban que sus maestros les hablaban del placer de leer, de participar de las ideas que, además de satisfacción  habría de mejorar sus condiciones intelectivas, su  estado de ánimo y su imaginación disponiéndolos para tareas de mayor envergadura.

Exponer un pequeño mensaje probaría que la lectura es una asignatura dejada en el olvido.

Con una sonrisa, el viejo maestro Manuel Anguiano se mostraba      satisfecho de que finalmente se reconociera que tenía razón cuando insistía con sus alumnos que aprendieran a leer y, en la medida de lo posible a escribir.

Su posición había sido siempre de crítica porque gran número de profesionistas niegan su incompetencia para la lectura hasta que lo comprueban.

En la primaria recibieron las bases y las afirmaron en la secundaria y preparatoria sin embargo no basta para que lean material de mayor nivel y sobre todo  que lo entendieran.

Más difícil es la lectura de comprensión, que se entienda el mensaje
Sin importar el estilo del escrito.

México ocupa el 48 lugar entre 66 países de la OCDE en comprensión y análisis de lectura de acuerdo con el Instituto Nacional de Evaluación Educativa INEA México registra 5 millones 400 mil connacionales que no saben leer.

Incluso hay 480 presidentes municipales que necesitan quien les informe del contenido de los documentos. En el medio profesional todos conocemos elementos con estas carencias.

Los estudiosos del lenguaje reconocen que el analfabetismo y el analfabetismo funcional son los mayores impedimentos para el desarrollo del individuo y del país.

El analfabeta es incapaz de leer y escribir, en tanto que el analfabeta funcional es capaz de medianamente entenderlo.

Se desconocen los porcentajes de cada grupo pero se acepta que la persona es incapaz de aprovechar las oportunidades que le ofrece la vida de relación.

Una pérdida inmensa para el estudiante y sobre todo para el  país.
¿ cuántos miles de hombres y mujeres se encuentran en esa especie de limbo.

Capital insospechado que de no rescatarse morirá de inanición sin que los recursos destinados por el estado rindan fruto y, lo peor sin que se advierta el enorme desperdicio de recurso humanos y económicos del país.

El asunto, incomprensible en estudiantes y profesionistas que se asumen cultos.

No se reconocen los fallos en su competencia comunicativa que les impide entender y comprender la información que intercambian en su vida diaria.

La ceremonia de titulación implicaba que la mayoría hiciera uso de la palabra. La experiencia fue desastrosa, indigna del centenario inmueble nombrado desde 1937 el centro de desarrollo cultural de Jalisco por antonomasia.

El Paraninfo ha recibido a ganadores de premios Nobel, presidentes de gran número de naciones, científicos, investigadores etc.

Alfonso Colocó tres hojas de texto con  un resumen de su exposición.

Súbele, no se escucha, se escucharon gritos por diferentes lugares.

Preocupado aumentó el tono pero lo único  que logró fue un sonido chillón, agudo, inentendible y molesto.

Intentó corregir el asunto leyendo más de prisa provocando el aumento de las protestas.

Fijó la vista en los amigos que acudieron a escucharlo. Las palabras se negaban a salir, mal articuladas y mochas.

Se escuchaban tal si serrucharan madera o como el recorrido de una carretela halada por caballos en un camino pedregoso y lleno de baches.

La experiencia lamentable de Alfonso no era un accidente, una mala tarde, si no una condición generalizada.

Otros profesionistas le sucedieron en el cadalso en que estaba convertido el atril, más grave que el deficiente control del volumen por pésima modulación fue el desconocimiento de muchas palabras, aún las de uso común resultado de un limitado vocabulario.

La falta de confianza es causa que el ritmo de lectura sea irregular, que se hable a toda prisa, se “coman” palabras o letras se descuide la sintaxis y que se utilicen con mayor frecuencia los barbarismos y los anglicismos y neologismos.

Leer unas cuantas líneas, considerado menos difícil que un mensaje improvisado, llenaba a los nuevos profesionistas de temor.

Alfonso y sus compañeros reconocían que leer es una actividad que requiere de preparación y la suya había sido deficiente.

El problema era y es mayúsculo, la falta de entendimiento provocaba la imposibilidad de aprender.

Varios de sus compañeros le sucedieron en el uso del micrófono y probaron desconocer su uso y una lamentable pobreza del lenguaje, acentuada por el uso y desarrollo creciente de la tecnología.

Esa experiencia  supuso pérdida de tiempo y afectó la imagen del expositor.

La experiencia indica que difícilmente encontrará empleo, e incluso él mismo al no ser capaz de conocer vocablos y exhibir pésima ortografía de la solicitud desistirá de su empeño y aumentará, voluntariamente el número de desempleados.

La falta de capacidad lectora es un desperdicio enorme de personal y de recursos económicos inaceptable en un país con tantas carencias como México.

Alerta “Libertad” para periodistas

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La periodista jalisciense Adriana Luna, quien se ha destacado por sus propuestas de apoyo al ejercicio profesional del periodismo, como lo muestra la rectificación del Premio “Despertador Americano” en Guadalajara, que gracias a su oportuna labor ante las autoridades correspondientes no volverá a entregarse a nadie que no tenga una verdadera trayectoria de periodista, lanzó en el XIV Congreso Nacional de Periodistas celebrado recientemente en Ensenada, B.C., una nueva iniciativa que busca salvaguardar la libertad de expresión en nuestro país, protegiendo la vida y los derechos de quienes la ejercen.

Al abordarse durante dicho congreso el delicado tema de la violencia contra los comunicadores mexicanos, que desde 1983 ha costado la vida a 253 trabajadores de los medios de difusión, principalmente en los estados de Veracruz, Guerrero, Michoacán, Chihuahua, Tamaulipas y otras entidades, la periodista jalisciense alzó la voz para proponer la instrumentación de un sistema nacional de alerta similar al de “Ámbar” que en repetidas ocasiones ha mostrado su eficacia para el caso de los menores de edad secuestrados o desaparecidos.

Este sistema, dice Adriana Luna, podría funcionar muy bien, con las adecuaciones necesarias, para el caso de los periodistas asesinados o desaparecidos, de suerte que cuando ocurra un atentado contra ellos en cualquier lugar de la República, se active de inmediato la Alerta “Libertad”, que pondrá sobre aviso a todos los periodistas de México y a las autoridades correspondientes sobre cualquier riesgo que atente contra la libertad de expresión. Esto desencadenaría desde luego la solidaridad nacional y el apoyo necesario a las víctimas del delito.

Apoyo nacional gremial y oficial
La propuesta de la colega Adriana Luna tuvo de inmediato un buen eco entre la comunidad periodística de la Federación de Asociaciones de Periodistas de la República Mexicana (Fapermex) y funcionarios públicos asistentes al propio Congreso, entre ellos el diputado federal por Baja California, Exaltación González, quien se comprometió a llevar esta iniciativa ante el Congreso de la Unión, para adecuarla a las necesidades y darle la legitimidad necesaria.

Admitió el legislador que la fiscalía especializada para perseguir los delitos contra periodistas carece actualmente de presupuesto y de instrumentos legales para realizar su labor, de suerte que existe una gran impunidad al respecto, que es necesario corregir por diversas vías, entre ellas la que ahora se plantea.

Libertad sobre todo
La de expresión –se ha reconocido siempre–, es la madre de todas las libertades; sin ella, no es posible garantizar el resto de las mismas. Por lo tanto, y en vista de las circunstancias actuales, que no garantizan el libre derecho de los periodistas mexicanos a decir la verdad, porque lo inhiben las constantes agresiones contra ellos, es necesario apoyar la iniciativa de la periodista Adriana Luna, para que cualquier atentado contra un periodista en cualquier lugar del país se conozca de inmediato a través de las redes sociales y de todos los medios, generándose la solidaridad inmediata y el apoyo necesario por parte del gremio, las autoridades y la sociedad en su conjunto.

javiermedinaloera

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 25 de septiembre de 2016.

Histórica presencia de Jalisco en el periodismo nacional

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Periodistas jaliscienses en la XIII Asamblea Nacional de la Fapermex.

Fue en Ensenada, B.C., el municipio más extenso de México (tan grande como el Estado de Sinaloa), centro vitivinícola de primer orden en el país, donde el pasado fin de semana, en su XIII Asamblea Nacional, la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos (Fapermex), sin duda la más representativa del gremio periodístico nacional, eligió un nuevo Consejo Directivo que por vez primera en la historia incluye a varios jaliscienses.

El nuevo Consejo 2016-19, que encabeza María Consuelo Eguía Tonella (Calilá), está integrado por el presidente del Club de Periodistas de Jalisco, Moisés Mora Cortés, como secretario general, y por otros periodistas representativos de diversas agrupaciones del gremio local.

En esta ocasión, 100 delegados procedentes de todo el país se reunieron para abordar la difícil situación que prevalece en el periodismo organizado de México y refrendaron el compromiso de mantenerse unidos y redoblar esfuerzos para lograr que se concrete la agenda legislativa que está pendiente en la Cámara de Diputados y en los congresos locales para garantizar el derecho constitucional de la libertad de expresión.

Exigen poner alto a las agresiones
El gremio periodístico nacional elevó nuevamente la voz para exigir poner freno a tantas agresiones cometidas en contra de los comunicadores, que de 1983 a la fecha han costado la vida a 253 personas, incluyendo 216 periodistas y 26 desapariciones forzadas.

Específicamente condenaron las constantes agresiones cometidas contra periodistas en los estados de Veracruz, Tamaulipas, Guerrero, Michoacán y Chihuahua, entre otras entidades.

Asimismo, reiteraron el llamado al Gobierno de la República para que los crímenes que se cometen contra los periodistas, trabajadores de la prensa, familiares y amigos de los mismos, sean esclarecidos a la brevedad y se castigue con todo el rigor de la ley a los autores, tanto intelectuales como materiales, ya que no hay otra manera de frenar esta ola de violencia.

También se refrendó el compromiso de seguir impulsando ante los congresos estatales la derogación de los delitos de difamación y calumnia, en sus respectivos códigos de procedimientos penales, y además, se acordó seguir trabajando por la unidad de los periodistas, su profesionalización y su acceso a mejores niveles de bienestar.

Unidad periodística jalisciense
Entre los puntos de esta asamblea destaca la incorporación de periodistas jaliscienses al Consejo Nacional de la Fapermex, organismo que agrupa a más de 70 asociaciones de periodistas de todo el país, entre ellas seis de Jalisco (tres ya formalmente incorporadas y tres en trámite).

De hecho, en la asamblea de Ensenada participaron una decena de periodistas jaliscienses representantes de estas organizaciones, que por vez primera en la historia mostraron un frente de unidad, lo que sin duda fue determinante para que los colegas de todo el país eligieran por unanimidad a Mora Cortés como secretario general, segundo cargo de alta responsabilidad en Fapermex.

Justo es señalar que desde 2014 el Club de Periodistas de Jalisco venía trabajando por la unidad, primero bajo la atinada dirección de Xavier Garabito (QEPD), y luego de Moisés Mora, a quien deseamos el mejor de los éxitos.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del 18 de septiembre de 2016.

 

La prensa y el poder en China

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Reunión de trabajo con periodistas de China.

Cuando supe que en la República Popular China están prohibidas las redes sociales como Facebook, Twitter y YouTube (ellos tienen las suyas), le pregunté a un alto ejecutivo de los medios de comunicación de ese país sobre el porqué de tal prohibición.

–“Porque esas redes son una intromisión de los gringos”, dijo tranquilamente.

Pero no sólo son las redes: Lo primero que percibe un periodista occidental que visita China es que ahí no hay libertad de prensa (al menos como la conocemos en México o en Europa).

Traté de explicarme esta situación y le pregunté a Xiang Peifeng, presidente de la Radio y la Televisión de la Provincia de Hubei (Grupo que informa a 850 millones de personas), sobre los objetivos editoriales de su empresa:

–“Difundir las políticas y opiniones del gobierno y del partido, como el combate al subdesarrollo, y atender a la gente que vive con dificultades”, respondió y agregó:

–“Se publican todas las noticias que tengan efectos positivos, incluyendo críticas contra funcionarios públicos”.

De acuerdo con ello, un alto funcionario de la misma provincia central de China dijo que los medios de prensa son determinantes en la lucha contra la corrupción, ya que se atienden todas las denuncias publicadas por los periodistas, “y los castigos por corrupción son muy rigurosos”, subrayó.

Todo está sujeto a un proyecto nacional

Lo cierto es que en China, a través de un gobierno de partido único que lleva 67 años en el poder, todo está supeditado, incluyendo libertades individuales, a un proyecto de nación que busca la supremacía mundial en diversos órdenes de la vida, entre ellos la económica, sin descuidar los problemas de pobreza y marginación social.

Mientras los profesionales de la comunicación, que suman 200 mil en el país, no obstruyan con sus informaciones los objetivos fundamentales del Estado, pueden trabajar sin problema alguno; de otra manera se exponen a perder su carnet de periodista, sin el cual no pueden ejercer.

En concreto, los medios de comunicación de China están sujetos al poder central del Partido Comunista (con 86 millones de miembros: 15% de la población).

Pero no obstante los apoyos oficiales, los medios de prensa, radio y televisión de China resultan hoy afectados, como en todo el mundo, por el desarrollo de la multimedia; sus ingresos han disminuido considerablemente y se han visto obligados a mejorar la calidad de sus contenidos para sobrevivir.

Libertades a cambio de desarrollo

Vemos así que China sacrifica libertades como las de expresión y manifestación, a cambio de contar con un Estado sólido que permita alcanzar las metas nacionales de desarrollo económico y social.

Por fortuna, en México disfrutamos hasta hoy las ventajas democráticas del sufragio universal y la libertad de expresión, indispensables para enfrentar abusos del poder público y económico, aunque por otro lado, estas libertades se traduzcan con frecuencia en libertinajes que impiden el progreso nacional.

En suma, China sacrifica libertades por desarrollo, en tanto que México sacrifica desarrollo por libertades. ¡Lástima que nadie pueda disfrutarlo todo!

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 7 de agosto de 2016.

 

Lo que los periodistas olvidamos con frecuencia

Periodismo trascendentePortada del libro “Periodismo Trascendente”, de Salvador Borrego.

Los grandes maestros del periodismo como Salvador Borrego en México, aconsejaron siempre dar seguimiento a las noticias, es decir, informar con la mayor precisión sobre las consecuencias causadas por determinado suceso, desde todos los puntos de vista, oficiales y privados, a fin de que la opinión pública pueda contar con los elementos de juicio necesarios para formar su criterio.

Lamentablemente, y lo digo sin la menor intención de pontificar, ni desacreditar a nadie, en este momento no veo en los principales medios de comunicación del país (sí en las redes sociales) un esfuerzo por dar seguimiento a las noticias del día, con el ánimo de llegar al fondo de los problemas y tratar de resolverlos.

Entiendo, por supuesto, el cúmulo de información actual que impone una rigurosa selección de lo más importante ocurrido durante el día, pero es ahí donde radica el problema: ¿Qué es lo más importante para publicar?, ¿por qué relegar o subestimar consecuencias o comentarios de noticias de gran interés público por otros de menor trascendencia?, ¿qué hay de por medio?

El gobierno y los medios

Comprendo, aunque no justifico, el interés del gobierno por minimizar e incluso ocultar informes que podrían desestabilizarlo, caso concreto, la masacre de estudiantes en Ayotzinapa, pero lo más censurable desde el punto de vista ético periodístico es el afán de muchos medios por hacerle el juego, tratando de que éste y otros graves asuntos se olviden. Es una vergüenza que la prensa internacional sea mucho más acuciosa en la búsqueda de justicia que la mexicana.

Exclusividad periodística

A diferencia del pasado, hoy se habla poco de noticias exclusivas (la exclusividad ha desaparecido prácticamente del medio informativo), pero no deja de haber trabajos especialmente relevantes que publica un solo medio. Tal es el caso de la investigación sobre “casa blanca” que dio a conocer el equipo de Carmen Aristegui.

Desde el punto de vista de competencia comercial y profesional es difícil que los demás medios den seguimiento a una nota exclusiva como la de “casa blanca”, aunque dada la enorme significación del hecho, no debiera existir este tipo de celos, porque primero está el interés público. Además, en éste como en otros casos, el gobierno hizo lo que todos esperábamos: tratar de encubrir a cualquier costo el seguimiento periodístico.

Todo esto no conduce a otra cosa que a la impunidad, a la corrupción, a la inseguridad, la injusticia y a tantos otros problemas que el país padece y de los que constantemente nos quejamos.

Retomar prácticas profesionales

Por lo tanto, urge retomar el consejo de los viejos periodistas profesionales de aquí y de todo el mundo, para dar debido seguimiento a las noticias desde enfoques éticos que velen por el interés general de la gente, no para proteger a grupos de poder políticos y económicos totalmente desprestigiados, o sea, hemos de reasumir la esencia del periodismo, que es defender la libertad y la justicia por encima de todo.

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 15 de mayo de 2016.

Recursos contra la libertad de expresión

Libertad de expresión. De la página Libertad de Expresión en Facebook.

A lo largo de la Historia los grupos de poder han ideado infinidad de artimañas para evitar que los demás expresen libremente sus opiniones, sobre todo si éstas se consideran peligrosas para las instituciones de control y dominio que los sostienen.

De este modo, difícilmente encontraremos un filósofo, un pensador destacado, que no haya sido víctima de las intrigas del poder, empezando por el mismísimo Sócrates, fundador de la filosofía occidental, quien prefirió perder la vida antes que someterse a los caprichos del gobierno de Atenas, su ciudad.

Y después de Sócrates, muchos otros investigadores, científicos y librepensadores, tanto de la Antigüedad como de la Edad Media y de la era moderna tuvieron que sufrir también las arbitrariedades de monarcas y sumos sacerdotes que se creían dueños absolutos del cielo y de la tierra.

Hoy pudiera decirse que los países gobernados por sistemas democráticos gozan de libertades para que la gente diga lo que quiera, pero lamentablemente no es así. Claro que ya no queman en leña verde a los disidentes, pero hay muchas otras formas de callarles la boca. Los recursos contra la libertad de expresión se han multiplicado y sofisticado de tal manera que mucha gente ya ni los identifica.

La brevedad de este artículo impide hacer siquiera un listado de esas artimañas, pero sí cabe una pregunta: ¿No les parece extraño que muchos de los que hoy se expresan libremente por Internet son rebatidos y condenados, no por sus ideas, sino por sus faltas de ortografía?

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el diario La Crónica de Hoy Jalisco en su edición del viernes 22 de enero de 2016.

 

La ortografía en redes sociales

 

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Quienes estamos inmersos en redes sociales, como es Facebook, leemos frecuentemente mensajes de personas que critican a los demás por su mala ortografía; incluso los borran de su lista de contactos.

En general, no concuerdo con tales procedimientos, en primer lugar porque quienes gozan del privilegio de una educación por arriba del promedio nacional, no tienen derecho alguno a subestimar ni a criticar a los demás por su bajo nivel de cultura, ya que éstos, por una u otra razón, ajena a su voluntad, no la alcanzaron.

En segundo lugar, es muy válido el argumento de quienes advierten que no nos fijemos en su ortografía, sino en el concepto, en la idea que desean expresar, que desde luego es lo más importante, porque hemos visto muchos casos de gente que se expresa con incorrecciones gramaticales, pero que revelan más conocimiento de las cosas que quienes presumen de saberlo todo.

Cuando he platicado sobre el particular con algunos de mis colegas periodistas, me dicen que soy demasiado tolerante; que nosotros debemos ser más exigentes en el manejo del idioma, nuestra principal herramienta de trabajo, ya que de otra manera esto puede desembocar en un caos.

Sin embargo, como aficionado a las redes sociales, jamás critiqué en mi página, ni en ninguna otra, alguna falta de ortografía, y no pienso hacerlo, porque incluso en el caso más grave, que es el de los políticos, a quienes se les paga bien para que respeten todas las reglas, no sólo las gramaticales, lo cierto es que también tienen derecho a equivocarse y a corregir, en su caso.
javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el diario La Crónica de Hoy Jalisco en su edición del viernes 13 de noviembre de 2015.