Como niños con juguete nuevo


   Jóvenes y viejos hemos dado en distraernos en las redes sociales como niños con juguete nuevo. Sin embargo, más allá de la diversión, del necesario entretenimiento y de la ilustración que recibimos sobre diversas materias, conviene analizar un poco la trascendencia de esta maravillosa forma de comunicación entre seres humanos, que ni siquiera habíamos soñado, pero que para rendir óptimos frutos exige ante todo respeto mutuo.

   En cualquier forma de comunicación humana, antigua o moderna, es y ha sido necesaria una relación de respeto, que en este caso representa atención, cortesía, miramiento, sin que ello signifique estar siempre de acuerdo con el interlocutor. Obviamente se puede disentir, pero con argumentos y sin perder la compostura. Es ésta una norma elemental de buenas maneras, que nunca debe perderse.


Hoy más que nunca es vital entender a los demás


   Si en tiempos pretéritos, cuando la información entre un país y otro tardaba semanas o meses en llegar, se privilegiaba el respeto en la relación entre personas y pueblos como condición necesaria para preservar la paz, en la actualidad, cuando Internet permite la comunicación prácticamente instantánea en toda la redondez de la Tierra, es vital el respeto a las culturas y puntos de vista de los demás.

   Heródoto, el Padre de la Historia, durante sus prolongados viajes por el mundo de su tiempo (siglo V antes de Cristo), observó que mientras unos pueblos acostumbraban enterrar a sus muertos, otros los incineraban y algunos más los comían, lo cual era motivo de escándalo y animadversión entre gente de diferentes culturas. Concluyó entonces que el respeto entre las distintas maneras de ser y de pensar era condición indispensable para mantener la paz.

   En el mismo sentido, muchos siglos después (el XIX de nuestra era), el apotegma de don Benito Juárez recuerda que “entre los individuos como entre las naciones el respeto al derecho ajeno es la paz”.

   En un país como México, con tradición republicana, parece extraño, por ejemplo, que existan pueblos sobre la Tierra interesados en lo que hacen o dejan de hacer los reyes, aún cuando cuenten, como en el caso de Europa, con democracias liberales. Hay quienes critican y hasta se mofan de las monarquías sin entender que son símbolo de un remoto pasado, con el cual no se puede romper sin riesgo de perder identidad nacional.


Las redes no deben ser resumideros de amarguras


   Hoy, en las redes sociales se reciben muchos mensajes que ilustran, impulsan la superación personal y alientan el desarrollo comunitario, pero lamentablemente vemos también a jóvenes y viejos que todo lo critican, mostrando más amargura que preocupación por fundamentar lo que afirman y contribuir al desarrollo social.

   Convertidas con frecuencia en resumideros de pasiones mezquinas, en las redes se acusa sin pruebas y se condena sin juicios, llegando incluso a la agresión personal contra funcionarios o particulares, al margen de jerarquías o posiciones sociales.

   Además, es común leer opiniones sobre cualquier asunto sin que sus autores tengan el más mínimo conocimiento de la materia que tratan. Si ya de por sí es difícil entender lo que ocurre en nuestra propia comunidad, en el Estado o en el país, resulta todavía peor aventurar opiniones sobre costumbres o culturas extranjeras sin tener noción de ellas.


Oportunidad de mejorar el mundo que habitamos


   En conclusión, las redes sociales representan para los jóvenes la feliz oportunidad de superarse, seleccionar sus lecturas de acuerdo a sus ideales y mejorar el mundo en que vivimos, mientras que los viejos, aparte de disfrutar de una maravillosa distracción, jamás soñada, tienen por vez primera en la historia la ocasión de compartir sin cortapisas sus valiosas experiencias, pero insisto, con respeto a los demás.

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