El amor por los libros

Bibliofilia. De la Fundación Vamos a Leer.

El gusto por los libros se adquiere generalmente desde la infancia, pero también puede desarrollarse en la juventud y en la edad madura. Para algunos, leer y guardar libros llega a convertirse muchas veces en una verdadera pasión tan fuerte como cualquier otra: el juego, el sexo, las drogas, el alcohol, el tabaco, etcétera.

Los amantes de los libros, mejor conocidos como bibliófilos, llegan a reunir tantos volúmenes que difícilmente caben en sus casas; guardan libros en sus recámaras, en las escaleras, en los baños y hasta en la cocina.

Muchos de estos bibliófilos han reconocido que compran y guardan libros prestados, regalados y hasta robados, por puro gusto, porque a veces ni siquiera los leen, sólo los hojean y acarician por el placer de tenerlos, especialmente si son ediciones antiguas y raras; los consideran un seguro contra la ignorancia, es decir, siempre listo para usarse en caso necesario, porque ciertamente un seguro médico, de automóvil o de lo que sea se compra pero no siempre se usa.

Washington Irving (1783-1859), escritor estadounidense apasionado desde niño por los libros, tenía un amigo al que casi siempre encontraba en las librerías comprando libros en cantidad. No había una vez que no saliese de dichos establecimientos con 12 o 14 volúmenes, por lo menos. Preguntó un día Irving al amigo bibliófilo por qué compraba tantos libros de una vez, y éste le contestó:

–Pues mira, por el mismo motivo que encargo todas las mañanas seis huevos para el desayuno. ¡Alguno saldrá bueno!

javiermedinaloera.com

Artículo publicado por la revista Doña Ofe en su edición de abril de 2016.

 

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