El gusto por la lectura

Educación. De Guadalajara Antigua en F

     En un país como el nuestro, donde mucha gente no lee libros, ni revistas, ni nada (éste no es tu caso, amigo lector que ya te ocupas en leer estas líneas), a veces nos preguntamos el por qué de la falta de interés por la lectura, siendo ésta tan importante para el mejoramiento personal y de la sociedad en general.

    Desde luego que en esto tiene que ver el pasado histórico, económico y social del país, cuando la educación y la cultura eran privilegio de unos cuantos, pero hablando de tiempos más recientes, hemos de reconocer que también arrastramos graves fallas en nuestro sistema educativo que nos impiden leer más.

   En primer lugar, nos hace falta motivación para la lectura. Desde que vamos a la escuela, cuando somos niños, nos sientan todos los días en una silla leyendo libros que no nos interesan. Es entonces cuando empezamos a pensar que la lectura es aburrida, y al llegar a casa, en lo que menos pensamos es en leer.

    Años más tarde, cuando crecemos, traemos ya fija en nuestra mente la idea de que la lectura es aburrida. Si luego seguimos estudios de secundaria, preparatoria o profesionales, nos preocupamos por los textos obligatorios, sólo para sacar buenas calificaciones, pero fuera de ellos, nada nos interesa.

   Otro problema es la falta de atención en lo que leemos. En la actual sociedad estamos bombardeados por millones de mensajes, anuncios, videos, redes sociales, que desvían nuestra atención cada segundo, sin que podamos concentrarnos prácticamente en nada. Apenas empezamos a fijar nuestra atención en algo cuando ya nos invaden otros pensamientos.

     Por lo tanto, es necesario enfocar toda nuestra energía en lo que estamos leyendo hasta comprender bien el mensaje. Y además, para que este ejercicio rinda frutos duraderos, debe ser constante, sistemático, no un día sí y otro no, sino todos los días. Un atleta no va al gimnasio de vez en cuando, sino durante largas temporadas, diariamente, hasta que logra las condiciones físicas necesarias, y aún así tiene que mantenerse en forma. Este mismo ejercicio, indispensable para el cuerpo, lo necesita la mente.

    Si sabemos que la falta de interés por los libros tiene su origen en la infancia, cuando por alguna razón u otra no tuvimos padres, maestros o amigos que nos enseñaran a quererlos, a valorarlos, pensemos que nunca es tarde para aprender a vivir con ellos y disfrutarlos. Hay que buscar libros o lecturas que nos motiven y aporten algo que podamos aplicar en la vida diaria, para ser mejores.

Artículo publicado por la revista México Rural en su edición de mayo de 2014.

4 thoughts on “El gusto por la lectura”

  1. Me traes a la cabeza el libro de Daniel Pennac “Como una novela”. Es un escritor francés, durante muchos años profesor de Lengua, que reflexiona sobre cómo estimular el hábito de lectura en los muchachos.

    Considera que el primer “motor” son las remembranzas verbales de los abuelos y los cuentos nocturnos de los padres, deseosos de que el niño se duerma.

    Superada esa fase (o quizá suplantándola, si no tuvo lugar), le corresponde al maestro, que debe segir varias reglas:

    1. Leer en alta voz, ante toda la clase, por el puro afán de leer.
    2. Los alumnos no harán nada: solo escuchar. Ni trabajos, ni redacciones, ni ejercicios, ni buscar palabras en el diccionario, ni nada. Solo escuchar.
    3. Serán libros de letra grande y relativamente breves, para que el niño perciba la sensación de que las páginas “transcurren rápido”.

    Creo que Pennac tiene toda la razón. Por si acaso sus ideas gustan, sugiero profundizar con otro de sus libros, titulado “Mal de escuela”. Hay páginas realmente conmovedoras, construidas sobre el modo subjuntivo, nada menos.

    1. Hola, José Manuel: “Los cuentos nocturnos de los padres…”, extraordinario recurso. Estoy seguro que el gusto por la lectura nació en mí con los cuentos de mi madre cuando era niño. Saludos.

    2. Muchas gracias por tu comentario, José Manuel, de gran utilidad para la causa de promoción de la lectura, sobre todo en un país como México, donde lamentablemente leemos muy poco. Saludos cordiales.

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