El presidente ordena, ¿pero quién le escucha?


Lejos, muy lejos, quedaron los tiempos en que al presidente de México se le escuchaba con atención y era obedecido a la brevedad posible, incluso ante la más simple sugerencia. Una recomendación del primer mandatario, ya no digamos una petición concreta, era atendida como una orden, y ay de aquél que hiciera caso omiso de ella o que no supiera interpretarla.

Aquella época, claro está, era la del autoritarismo presidencial que surgió con la conformación del monopolio del poder, al término de la etapa armada de la Revolución, y que perduró hasta fines del siglo pasado, es decir, alrededor de 70 años en que predominó el gobierno de partido único.

Entonces no necesitaba el presidente ni siquiera de dar órdenes directas y contundentes, aunque a veces lo hacía; bastaba que hiciera una declaración pública sobre algo que no le gustaba dentro de la administración en cualquier nivel de gobierno, federal, estatal o municipal, para que los funcionarios responsables de cada área se dedicaran de inmediato a resolver la cuestión, porque conocían muy bien las consecuencias de no hacerlo.

Y esto contaba no solamente para los secretarios de Estado, jefes de departamento, directores generales o cualquier otro funcionario de la Federación, sino también para los poderes Legislativo y Judicial, senadores y diputados, por un lado, y magistrados y jueces, por el otro, atentos siempre a la menor indicación presidencial. En una palabra, había gobierno.

Pero las cosas cambiaron
Sin embargo, a partir de la alternancia del poder, hace ya 17 años, el presidente de la República hace recomendaciones, con frecuencia pide y hasta ha llegado a protestar contra las cosas que funcionan mal en el país, pero no se ve que le hagan caso ni sus colaboradores más cercanos. ¿Cuántas veces se ha referido el presidente a la corrupción, a la impunidad y a la injusticia?, ¿y qué es lo que ha cambiado? Nada, por el contrario, muchos problemas que agobian a los mexicanos tienden a empeorar, sin que se aprecie ninguna perspectiva de solución.

Falta autoridad y estructura
Además de falta de voluntad política para ejercer los actos de autoridad, es evidente la ausencia de una estructura administrativa que se encargue de evaluar y dar seguimiento a cada acción gubernamental, a medida que se vaya ejecutando, para que se cumpla en tiempo y forma, de acuerdo con normas y plazos preestablecidos. Y esto no solamente a nivel federal, sino también en los Estados y municipios.

Tiene que haber responsables directos de llevar a cabo cada una de las tareas encomendadas por el presidente, el gobernador o los ayuntamientos, y tienen que establecerse además los castigos pertinentes contra los funcionarios o empleados que desacaten las decisiones de la autoridad legítimamente constituida.

En conclusión, qué bueno que se aleja el autoritarismo y qué bueno también que llega la democracia, la alternancia en el poder, pero necesitamos mucho más que propaganda oficial, cuentas alegres o simples declaraciones, recomendaciones, quejas o sugerencias para salir de este atolladero. Por lo visto, ya ni las protestas funcionan.
javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 28 de mayo de 2017.

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