El respeto a la madre

General Mariano Escobedo.

General Mariano Escobedo.

     Mariano Escobedo de la Peña, jefe de Operaciones del Ejército Republicano durante el gobierno de Benito Juárez, a quien el emperador Maximiliano rindió personalmente su espada en 1867, era implacable en el combate. Obedecido a una sola voz por millares de hombres, tenía, sin embargo, un profundo respeto por su madre.
El periodista liberal Ángel Pola cuenta una curiosa anécdota sobre este ilustre personaje neolonés, quien luego de haber participado en cruentas batallas durante la invasión estadounidense en 1846, así como en la Guerra de Reforma y durante la Intervención Francesa, se retiró a sus haciendas para dedicarse a las labores del campo.
Hacia 1887, Pola lo ve retirado del Ejército, montado a caballo y dirigiendo actividades agrícolas, pero sin dejar de traslucir en sus menores actos su larga vida de mando.
Bien puede decirse –precisa—que la ordenanza llegó a ser en él una segunda naturaleza. Hablaba con pausa y acentuando todo final de frase. Cuando quería algo parecía que ordenaba, pero ya no, ni por asomo, como cuando estaba en la plenitud de sus días, rodeado de brillante Estado Mayor, el cual le veía como al dios de la Guerra.
Por aquel tiempo en que la aureola de Mariano Escobedo deslumbraba, sólo había un ser a cuya voz, siempre sentenciosa, obedecía con mansedumbre de fanatizado devoto. Esta voz era la que le dio a luz, doña Rita de la Peña. Cuando el valiente soldado alzaba la voz para reprender a alguien, su madre lo llamaba y acallaba como por encantamiento.
–Mariano–, le decía dulcemente.
–Mande usted.
–Ven.
Y ya que estaba presente:
–Siéntate hijo. ¿Qué es eso?
Y el severísimo general, jefe de miles de hombres, vencedor de todo un imperio, sumiso ante aquel ángel del bien, sentábase cerca, encogido y silencioso, guardando compostura.
A veces, este adorado ser –concluye Pola–, al empezar la sobremesa se levantaba para perderse de vista. Algún comensal, dentro de los muchos que de diario había, llegó a preguntarle por qué se alejaba, y contestó en secreto:
–Para que Mariano pueda fumar.

 

Artículo publicado por el periódico La Crónica de Hoy Jalisco en su edición del viernes 9 de mayo de 2014.

Un comentario en “El respeto a la madre”

  1. Respeto, quizá, pero también pudiera ser puro miedo.

    Un neurólogo estadounidense, el Dr. Pynkus, ha estudiado a numerosos asesinos múltiples y ha observado, en todos ellos, una tétrica historia de maltrato infantil, frecuentemente asestado por la madre.

    Habría que conocer la infancia del general bajo los amorosos pechos de mamá.

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