En favor de los retenes


Uno de los grandes males que aquejan desde hace más de dos décadas a la sociedad mexicana es la inseguridad pública, contra la cual se han pronunciado todos los sectores políticos, económicos y sociales, en tanto que el gobierno parece no entender la gravedad del asunto, ya que pasan los días, los meses y los años sin que pueda aplicar medidas efectivas para combatirla.

Causa fundamental de esta inseguridad es el pistolerismo, es decir, la libertad tan amplia que desde el gobierno se ha dado para que la gente porte armas, incluso las de uso exclusivo del Ejército, con las cuales se cometen infinidad de crímenes, atentando contra la seguridad, la vida de las personas y sus bienes.

Hace unos días el gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval, se pronunció en favor del plan de desarme anunciado por la organización México SOS, sobre la implementación de una campaña de canje de armas por dinero o bienes. Sin embargo, subrayó estar en desacuerdo con la aplicación de volantas o instalación de retenes, no obstante que estos dieron buen resultado en otros tiempos.

Pistolas del tamaño de su miedo
Fue el gobernador de Jalisco, Flavio Romero de Velasco, quien a principios de su gobierno, a fines de los años 70 del siglo pasado, acuñó la frase de que los delincuentes portan pistolas del tamaño de su miedo, pero esto no sólo quedó en palabras, sino que emprendió una intensa campaña de despistolización, para lo cual instrumentó los famosos retenes policíacos de inspección en zonas conflictivas, contra los cuales algunos protestaron por considerar que eran violatorios de los derechos humanos, pero que sin duda fueron de lo más efectivo para contener la violencia criminal de aquella época.

De hecho, Romero de Velasco, junto con Jesús González Gallo, pasaron a la historia como los gobernadores que mayor seguridad brindaron a los jaliscienses en la segunda mitad del siglo XX y en lo que va del actual. Ambos sabían que la seguridad pública es la principal función del gobierno y supieron cumplir con este fundamental principio.

Quien nada debe, nada teme
Recuerdo una norma básica de gobierno, según la cual, cuando el gobernante se ve ante la disyuntiva de escoger entre dos cosas malas, lo cual ocurre con frecuencia, debe preferir siempre la que cause menos perjuicios a la sociedad.

Así las cosas, retomando el tema de la despistolización, es grave la libertad para que cualquiera pueda portar armas en la calle, con las cuales atentan contra la seguridad de todos.
Pero también es importante tomar en cuenta los derechos individuales, consagrados por la Constitución, que permiten a los mexicanos tener armas para su legítima defensa en su casa, no así en su automóvil, que algunos consideran como continuación de su hogar (tema discutible).

A fin de cuentas, que se preocupen por los retenes quienes tienen algo que ocultar o que temer. Quien nada debe, nada teme, y a cambio de una pequeña molestia, que puede compensarse con una mayor seguridad para todos, no tendría mayor inconveniente en apoyar estos dispositivos para la detección de armas en cualquier punto de la ciudad, del Estado y del país, porque es preferible limitar los derechos individuales que tolerar la criminal inseguridad pública que desde hace décadas agobia a la nación.
javiermedinaloera.com

Artículo publicado por el semanario Conciencia Pública en su edición del domingo 5 de marzo de 2017.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *