La grandeza de Juárez

Don Benito Juárez, nacido el 21 de marzo de 1806 en San Pablo Guelatao, Oax., destaca, además de su patriotismo y honradez, por su modestia, su trato humilde y sencillo con la gente. Infinidad de anécdotas rescatadas por sus contemporáneos ilustran esta virtud del Benemérito de las Américas, quien pasa a la Historia como uno de los jefes de Estado más ejemplares que el mundo haya conocido.

Una de estas anécdotas, documentada por uno de sus más cercanos colaboradores, Guillermo Prieto, le ocurrió a don Benito con un peluquero de Guadalajara, Jal., en el año 1858, cuando al salir una mañana del Palacio de Gobierno, donde se hospedaba, siendo entonces presidente de la República, cruzó la Plaza de Armas y entró a una peluquería ubicada en el portal frontero, para que le hicieran un corte de pelo.

En esta ocasión el presidente iba solo, como acostumbraba con frecuencia, es decir, no traía escolta (en plena Guerra de Reforma), y al llegar a la peluquería esperó su turno y se sentó colocando el sombrero en la silla de junto.

— “El sombrero se pone en el clavijero”, le dijo de mala gana el peluquero, que al verlo chaparrito y prieto, ni idea tenía de quién era.

Don Benito tomó su sombrero y lo colocó donde le dijeron, pero al rato llegaron sus colaboradores, que ya lo andaban buscando: “Señor presidente, ya nos tenía usted preocupados por su ausencia”.

Al darse cuenta el peluquero que su cliente no era otro que el presidente Juárez, se deshacía en disculpas.

–“No se disculpe amigo, el presidente es el primero que debe respetar el sitio donde se encuentre”, respondió.
javiermedinaloera.com

Artículo publicado por la revista México Rural en su edición de marzo de 2017.

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