La pobreza moral de un magnate

Donald Trump

El magnate neoyorquino Donald Trump es claro ejemplo de contraste entre un hombre inmensamente rico en lo material y extremadamente pobre en lo moral.  No le alcanzará el dinero para limpiar la pésima imagen que él mismo se ha forjado en su país y en el mundo con sus reiterados ataques xenofóbicos, racistas y fascistas.

El repudio general provocado por sus declaraciones contra los mexicanos (“México no es nuestro amigo”, la más reciente, recuerda a Hitler: “Los judíos no son humanos”), incluyendo la cancelación de jugosos negocios que sus antiguos socios le han anunciado, no ha sido capaz de doblegar su infinita soberbia.

Trump se ha equivocado en toda la línea, y no aprende, ni se arrepiente. Se equivocó al decir que México envía a Estados Unidos a la peor gente, cuando es todo lo contrario, pero lejos de retractarse, insiste en esta mentira criminal que despierta odios racistas y agresiones contra nuestros connacionales que cruzan la frontera.

Si su intención es sólo propagandística con miras a lograr la candidatura presidencial de 2016, como algunos sugieren, al final de cuentas le saldrá el tiro por la culata, pues en efecto, un político, para ser electo, debe ser conocido, pero no basta con ser conocido, sino que debe ser bien conocido por sus cualidades, no por sus defectos, y en este caso Trump está exhibiendo su peor naturaleza.

Una vez más se comprueba que el dinero no lo es todo, y ante el repudio generalizado que provoca su incalificable conducta, podemos concluir que moralmente no todo está perdido en este mundo.

www.javiermedinaloera.com

 

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