Prohibido brillar

Sapo. Wikipedia

Un sapo.

Cuenta una vieja fábula que cierta noche una luciérnaga descansaba tranquilamente en un verde prado, ocultándose bajo un árbol, y sin saberlo, brillaba.

Entonces, un sapo vil, negruzco y enlodado, salió de su agujero, e hinchado de envidia escupió su baba contra el insecto.

–“¡Dios mío!, ¿qué te he hecho? –exclamó la luciérnaga-, ¿por qué razón tu cólera se inflama?, ¿por qué con sucia baba me mancillas?”

Y el sapo dijo airado: “Porque brillas”.

Todavía hay en este mundo personas nobles de corazón que, como la luciérnaga, brillan sin proponérselo, pero no les faltan enemigos gratuitos que, hinchados de envidia, como el sapo, les arman infinidad de intrigas y no desaprovechan momento alguno para enlodarlas.

Así las cosas, quienes realmente poseen valores humanos, y lo saben, tratan de no brillar, manteniendo un bajo perfil en sus acciones, para evitarse envidias innecesarias, mas luego resulta que su modestia también molesta.

Mucho se ha comentado en tertulias y reuniones de café sobre los destinos de Jalisco, estado que no prospera, según dicen, debido a las envidias de gente que no tolera los éxitos de los demás en cualquier campo de la actividad humana.

No ha faltado en estas pláticas la famosa referencia al pescador de langostas, quien, a medida que pescaba, las metía en un bote, pero éstas, queriendo salir de ahí, eran jaladas hacia abajo por las de atrás, de suerte que ninguna podía escapar, y mientras tanto, el pescador, feliz.

Creo que ésta no es sólo una debilidad común de jaliscienses, sino de muchos mexicanos y de cualquier otro país, porque la envidia ha formado parte de la naturaleza humana en todos los pueblos y en todos los tiempos.

Claro está que las comunidades más cultas y disciplinadas, aquellas que tienen mayor sentido de solidaridad y dominan y controlan mejor los celos profesionales y las envidias, logran desde luego mayores avances económicos, políticos, sociales, etcétera. Siempre hubo ejemplos de ello tanto en el pasado como en la actualidad.

En conclusión, la envidia no produce buenos resultados individuales, ni colectivos, pero además, y esto es lo peor, el envidioso siempre sufre.

Artículo publicado por el diario La Crónica de Hoy Jalisco en su edición del viernes 1 de agosto de 2014.

 

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