Readaptación social olvidada

Penal de Puente Grande, Jal.

Más de 30 años han transcurrido de la fecha en que los jaliscienses soñamos que los criminales tendrían ya el marco físico y legal adecuado para rehabilitarse y ser útiles a la sociedad, abandonando para siempre su tendencia y placer por el delito.

Este fue sin duda uno de los sueños imposibles a los que recurrimos la mayoría de los seres humanos cuando sentimos la urgente necesidad de que las cosas cambien; el problema es que el gobierno no siempre pone lo que está de su parte para que esto suceda.

Lo cierto es que a la fecha las cárceles jaliscienses y otras muchas del país siguen siendo escuelas del delito, como siempre lo fueron, donde no se rehabilita ni readapta a nadie, sino que por lo contrario, se ensayan nuevos métodos para ofender constante y sistemáticamente a la sociedad.

Fue en tiempos del gobernador Flavio Romero de Velasco –uno de los mejores en la historia de Jalisco—cuando se suscitó una tremenda masacre de reos en el antiguo Penal de Oblatos (venganzas y rencores entre los mismos reclusos), lo cual hizo pensar a este ilustre gobernante en la necesidad de reformar todo el sistema penitenciario del Estado.

Y fue así como no sólo se construyeron nuevos edificios en Puente Grande para alojar separadamente a los diversos reclusorios, sino que además este gobernador mandó traer a los mejores especialistas de aquel tiempo, residentes en la Ciudad de México, para instrumentar el sistema de readaptación social de los delincuentes.

A fines de su gobierno, en 1982, Romero de Velasco había sentado las bases, tanto físicas como jurídicas, para que quienes cometieran algún delito tuvieran la oportunidad de rehabilitarse en los reclusorios y volver a la sociedad ya readaptados.

Sin embargo, como decía el escritor y filósofo francés Voltaire, las cosas no siempre suceden como los sabios piensan. Hay quienes simplemente hacen lo que mejor les conviene, entre ellos muchos políticos que no creen en otra cosa más que en sí mismos y en sus intereses.

De esta manera llegamos a 2017 cuando se dan a conocer detalles de una “narcopachanga” celebrada en el Penal de Puente Grande en junio de 2013, en la que cualquier idea de rehabilitación y readaptación social queda absolutamente borrada. En dicho festejo se manifiesta más que nunca la corrupción de funcionarios, que muy lejos estaban y están ahora de pensar en la readaptación social de los delincuentes.

Nunca el pasado fue mejor, dicen algunos, pero en este caso me atrevo a decir que sí.

javiermedinaloera.com

 

Artículo publicado por la revista Portada en su edición de mayo de 2017.

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