Su majestad el teléfono

De P. Padre Guillermo Serra, L.C. en F.

Cena de Noche Buena.

   Al paso que vamos la gente del siglo XXI perderá la habilidad de hablar cara a cara. Cada vez más usamos los móviles para enviar y recibir mensajes, sin importar si hay alguien enfrente de nosotros. En el hogar, la oficina, la escuela, la calle, el restaurante, dondequiera encontramos gente ocupada en comunicarse por móviles, sin hacer el menor caso de quienes la rodean.

   Esto es, por principio de cuentas, una total descortesía. Por elemental sentido común, de respeto al ser humano, la persona que tenemos físicamente enfrente merece nuestra atención antes que quienes tratan de comunicarse  por celular o por cualquier otro medio portátil.

Nada nuevo bajo el sol

   Pero no crea usted que tan fea costumbre es nueva; surgió con el uso mismo del teléfono, hace muchos años; lo que sucede ahora es que se ha vuelto más común al socializarse la comunicación por Internet, es decir, nos ha invadido la tecnología sin siquiera darnos tiempo de desarrollar principios básicos de urbanidad.

    Para muestras, un botón:

   Durante el gobierno del presidente mexicano Adolfo López Mateos (1958-64), el distinguido maestro universitario Alfonso “El Chato” Noriega acudió a entrevistarse con el licenciado Salomón González Blanco, secretario del Trabajo y Previsión Social.

   Comenzaba a tratarle su asunto cuando sonó el teléfono.

   –Permíteme –, dijo don Salomón.

  Habló durante unos minutos y dirigiéndose nuevamente hacia el maestro Noriega, lo invitó a continuar su conversación. Empezaba a hacerlo cuando de nuevo interrumpió el teléfono. Otro “permíteme” y don Salomón se enfrascó en una discusión que duró más tiempo. Luego, otro “perdona, Chato”, y se reanudó la plática. Volvió a sonar una y otra vez el teléfono y don Salomón atendía las llamadas, pero en una de ellas, al colgar el auricular, el ministro se dio cuenta de que el maestro Noriega había desaparecido de su oficina.

   ¿Se enojaría “El Chato”?, ¿por qué se habrá marchado?, se preguntaba don Salomón cuando volvió a sonar el teléfono. Descolgó.

   –¿Salomón? Oye, habla “El Chato”…

   Conclusión: Si quien está frente a usted le hace más caso a su móvil que a usted, ya sabe qué hacer.

   Imagen: De la página Padre Guillermo Serra, L. C. en Facebook.

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