Urgen resultados en seguridad pública

Seguridad pública. De Coplaur Guadalajara en F

   La mayor catástrofe que ha vivido Guadalajara, y en general Jalisco y México, en lo que va de este siglo, es la inseguridad pública. El aumento jamás visto en la estadística de asaltos y homicidios dolosos rebasa con mucho los estragos causados por guerras, epidemias, hambrunas y explosiones sufridas por la ciudad a lo largo de su historia.

   Lo peor es que las autoridades no saben qué hacer ante esta situación, y si lo saben, no lo hacen. Ni siquiera se conoce un proyecto definido de seguridad que permita evaluar avances a corto, mediano y largo plazo. Y si no hay proyecto, menos podrá haber acciones que reviertan el problema por lo menos a la estadística del siglo pasado.

La delincuencia siempre fue un dolor de cabeza

   La delincuencia siempre ha sido un dolor de cabeza desde que el país nació a la vida independiente y aún durante la Colonia. En distintas épocas de la historia los caminos estuvieron infestados de ladrones y asesinos. Tampoco en ciudades y pueblos se podía vivir en paz.

   Sin embargo, los distintos gobiernos adoptaron medidas, de acuerdo a su época, para afrontar el problema: algunos lo hicieron con extraordinario éxito, como el general Porfirio Díaz, quien dio orden de colgar del primer árbol a cualquier salteador que fuese sorprendido in fraganti. “Mátenlos en caliente”, decía el viejo dictador, y pronto quedaron los caminos más seguros que una iglesia.

¿Medidas drásticas ahora? Ni pensarlo

   Pero es imposible pensar ahora en medidas drásticas. Los derechos humanos están por encima de la seguridad de las personas, como si no existiera el derecho a vivir en paz, y no se puede castigar sin previo juicio a ningún delincuente, menos aún condenarlo a muerte, por peligroso que sea.

   Por lo tanto, hoy como nunca la sociedad se encuentra desprotegida, empezando porque la justicia no funciona. La impunidad imperante alienta a los delincuentes. Gobiernos van y vienen y ninguno es capaz de imponer orden. Esto no quiere decir que el gobierno sea el único responsable, porque ciertamente la moral pública tampoco atraviesa por una de sus mejores épocas.

Lo que decía el primer gobernador de Jalisco

   El primer gobernador de Jalisco, Prisciliano Sánchez, en el informe que sobre el estado de la administración pública rindió ante la Asamblea Legislativa el día primero de febrero de 1826, atribuyó el problema de la inseguridad principalmente  a la mala educación de la juventud, a cierta inacción de las autoridades subalternas para dedicarse con empeño a la persecución de los malhechores y al método complicado y engorroso con que se forman los procesos judiciales.

   Por lo tanto, añadía el Ejecutivo, el remedio está en atacar las causas del mal, es decir, cuidar de que la juventud adquiera buena educación y se dedique al trabajo, nombrar ciudadanos activos y empeñosos para directores de los departamentos, simplificar los trámites procesales y mejorar el  sistema penitenciario.

Primero, saber qué hacer, y hacerlo luego. Urgen resultados

   Esto advertía el primer gobernador de Jalisco hace 187 años. Si don Prisciliano tuvo o no éxito en su proyecto contra la delincuencia, es cuestión de averiguarlo, pero hoy día en Guadalajara, en Jalisco, en México, se necesita en primer lugar saber qué hacer, y acto seguido, hacerlo. Urgen resultados.

Imagen:  Coplaur Guadalajara.

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