Zona de desastre, un bálsamo para los dolientes

 Por el periodista y poeta Eduardo Corona

Portada de Zona de Desastre

 En Zona de desastre la geografía es distinta y distante, pero el denominador es común: La violencia en espiral, un rosario de muertes, un mar de cruces, terrorismo, corrupción,  una lápida de dolor que ahoga, sofoca y deja heridas a millares de familias devastadas… y donde se divisa un océano de impunidad, por el silencio y la complicidad de las autoridades.

   En Zona de desastre, el autor, Carlos Enrigue, alza la voz al cielo clamando justicia; suplica al todopoderoso por el silencio de los inocentes que, bajo una fosa común o con nombre y apellido, la sombra del terror cegó sus vidas, algunos  por  “accidente” al haber estado  en la hora y lugar “equivocados”, o por causa del odio, la venganza y la maldad humana.

   Qué importa si las víctimas vieron la luz en América o Europa, Asia o África, si fue en la Perla Tapatía o la capital del país, si en la madre patria o en la ciudad de los rascacielos, en la tierra de los faraones o a lo largo y ancho del territorio mexicano.

   La sensibilidad del autor, el corazón generoso, la plegaria por la vida, la defensa de los derechos humanos, la libertad de expresión, el amor y la pasión por la poesía, la solidaridad por el prójimo, por la mujer, aflora en esta diminuta (69 páginas) pero estupenda  obra dividida en seis capítulos, producida por ediciones El Viaje, 2013, de la colección Caníbal.

   En la compilación acuciosa  (primera zona, Guadalajara, agosto ,1973) Carlos Enrigue denuncia: “Mataron a Ignacio, lo mató la intolerancia”, y en el segundo episodio (Gasteiz, Euskadi, España, 13 junio 1997) sentencia: “Hay veces en que los políticos tienen que callar para que hable el pueblo”.

   Regresa a tierras sureñas mexicanas en el tercer capítulo para recordar Acteal, Chiapas, 1997, dejando en claro que a las 45 víctimas, indígenas, “los mataron porque sus voces estaban subiendo… hablaban con Dios porque sabían que Él es el único que quiere oír…”

   Luego, al reseñar el film de terror y horror de las Torres Gemelas de Nueva York, condena los hechos y enfatiza: “Manhatan ha sido herida y sangra a causa de la sinrazón… El imperio quiso hacernos partícipes de su inédito sufrimiento, de esta jornada de crueldad sin sentido y sin razón… pero los muertos lloraban y reían como tú y como yo; eran madres, padres, hijos..”

   En Sangra Madrid (quinto episodio, 11 marzo 2014) se cuestiona cuándo ha empezado la guerra en Atocha, y ante la respuesta silenciosa vuelve a preguntarse: “Entonces qué es ese sonido con esos hierros retorcidos, ese acercarse de trenes a la muerte…..

   Yfinalmente, en (sexta zona, 50 mil muertos, México 2011), la crueldad dibuja su rostro dejando la huella a lo largo y ancho del territorio, “una fábrica de cruces… (a causa de) la maldad de los delincuentes (que) es innegable y reprobable y “muchos no se enterarán de cómo murieron, salían de estudiar o bailaban…”

   Luego, el autor se conduele con todas las atrocidades del mundo y lamenta: “hay días en que la tristeza nos agrede… Me entristece saber que hay gentes cuya vida tiene cargas adicionales”. Y confía en que, pese a ello, “no podemos perder la esperanza porque dejaríamos de estar vivos”.

   Y al enarbolar la bandera de la esperanza, comparte con todos: “La Marcha por la paz será en silencio porque hay tanto que gritar que de hacerlo quedaríamos mudos y el gobierno tiene muy sensibles los oídos.

   “Esperemos que el estruendo del silencio sea tan bullicioso… que entierre las armas y pueda después brillar la luz y permitir que la palabra pueda sonar, primero como un susurro y luego como un grito que no pueda contenerse, que no deba contenerse, porque entonces éste habrá abierto los oídos a los sordos”.

   Zona de desastre, un libro que denuncia la injusticia, la corrupción, que defiende y lucha por la vida, y que es un bálsamo para los dolientes, porque se conmueve por la tragedia, el llanto, la herida, el sufrimiento, la muerte, y la cruz que día con día todos vivimos.

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