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El Malacate, antes de la carretera

Este reportaje, que habla de la buena vecindad entre Jalisco y Zacatecas, lo escribí en 1982, cuatro años antes de que entrara en servicio la carretera Guadalajara-Colotlán-Zacatecas, a la que por cierto se oponían entonces los comerciantes de la capital zacatecana por temor a que Guadalajara acaparara el comercio del Norte de Jalisco que tradicionalmente les perteneció. 

Fue necesario que coincidieran en el tiempo dos gobernadores progresistas como lo fueron Enrique Álvarez del Castillo, en Jalisco, y José Guadalupe Cervantes Corona, en Zacatecas, para que el viejo sueño de la carretera Guadalajara-Colotlán-Zacatecas se hiciera realidad. Cervantes Corona convenció sobre el proyecto a los comerciantes zacatecanos diciéndoles que “nunca una carretera perjudicó a nadie, porque siempre es de ida y vuelta”.

Después de 33 años, hace unos días (marzo de 2015) volví a El Malacate, ya con menos población que en 1982, aunque con mejores servicios. Ahí me dieron la mala noticia de que los dos principales protagonistas de mi reportaje escrito en 82, los comerciantes Pablo Larios y Santos Castañeda, habían fallecido, de suerte que este trabajo ya no es más que historia pura, pero con un profundo mensaje de fe y esperanza para jaliscienses y zacatecanos y para todos los mexicanos.

Javier Medina Loera.

camino

El Malacate, entre Jalisco y Zacatecas.

El Malacate es una de esas raras aldeas de México, cuyos habitantes, a pesar de estar divididos por la línea fronteriza de dos estados, conviven fraternalmente, sortean las dificultades derivadas de la diferencia política territorial y conservan el orgullo de haber nacido o de vivir en uno u otro Estado, en uno u otro lado de la frontera, aunque ello represente solamente unos cuantos metros de distancia.

El alegre ranchito, de escasos 100 habitantes, está situado sobre la línea divisoria de los estados de Jalisco y Zacatecas, entre los municipios de San Cristóbal de la Barranca y Mezquital del Oro, justamente en el kilómetro 50 de la brecha que en tiempos del Virreinato y mucho después fue el camino real por donde transitaban millares de arrieros entre Guadalajara y los Cañones de Tlaltenango y Bolaños, sobre la ruta Guadalajara-Colotlán.

Las peligrosas curvas de El Malacate

La Cuesta del Malacate
Tiene curvas peligrosas,
Les encargo a los choferes
Que cuiden muy bien las cosas.

El corrido que Cornelio Castro le compuso a su tierra y que en las doradas tardes de tiempos de cosecha los campesinos cantan con tanto sabor, habla precisamente del origen del nombre de la aldea, que recuerda un instrumento giratorio, por estar situada al pie de una escarpada cuesta, de curvas muy peligrosas, por donde los sufridos choferes de camiones de línea suben a vuelta de rueda hacia El Teúl y otros pueblos del Sur de Zacatecas y Norte de Jalisco.

 Un angosto callejón divide a los dos estados

En donde parece ser el centro del pueblito hay un callejón que constituye la línea fronteriza de Jalisco y Zacatecas. En sentido Sur a Norte, a la derecha, está Zacatecas con cinco casas, y a la izquierda Jalisco con siete casas. Aunque en total son sólo 12 viviendas, el movimiento de gente parece ser el de un pueblo mayor, pues hay una escuela rural a donde acuden niños de ranchos cercanos y además por ser el paso obligado de la gente que viaja por la región, lo que le da a este lugar una importancia comercial muy singular.

La escuela de El Malacate (Fotografía de Jaime Bañuelos).

La escuela (Fotografía de Jaime Bañuelos).

Dos tiendas de abarrote, frente a frente

El rancho del Malacate

Es un rancho de primera,

Tiene dos abarroteras

Que venden la mercancía

 A bordo de carretera.

Frente a frente, divididas sólo por el callejón ya mencionado, de no más de cuatro metros de ancho, funcionan dos tiendas de abarrote: la de la derecha, ubicada en Zacatecas, es atendida por su propietario, un hombre de tez morena y un poco excedido en peso, que es don Santos Castañeda, y en la de la izquierda, del lado de Jalisco, despacha su propietario, un hombre blanco y un poco excedido en ayuno, por lo delgado que está, que es don Pablo Larios; ambos comerciantes, nacidos y criados en El Malacate, y a cual más de orgullosos de pertenecer y atender, el primero a Zacatecas y el segundo a Jalisco.

Por las tardes, al salir de la escuela, los niños se arremolinan frente a las dos tienditas para comprar alguna golosina, mientras que los ancianos del rancho sacan sillas al callejón, se sientan con toda parsimonia y se ponen a torcer y luego a disfrutar un buen cigarro de hoja de maíz.

Ya sea que se viaje a caballo, camión de pasajeros o automóvil particular, llegando a El Malacate, es difícil resistir la tentación de apearse para reposar un poco y tomarse un refresco antes de continuar la jornada por aquella empinada cuesta que, por retorcida, hace verdadero honor a su nombre.

Competencia comercial hasta en el corrido

Foto satelital malacate

La empinada cuesta de El Malacate (foto satelital).

La primera vez que pasé por ahí me enteré del celo existente entre los dos comerciantes, que a propósito tienen sus tiendas a cual más de surtidas para no dejar ir un solo cliente. Dudé un poco entre visitar primero  la tienda de Zacatecas o la de Jalisco, para no herir susceptibilidades, y sin pensarlo más entré a la de Jalisco.

La tienda de Pablo Larios
Es una tienda bonita;
Toda la gente dice
Que parece una botica.

Los versos que anteceden descubrieron el profundo celo y la competencia entre ambos comerciantes, pues cuentan que tan pronto don Santos Castañeda, el de Zacatecas, se enteró que en el Corrido del Malacate sólo se referían, con tan buena propaganda, a la tienda de su competidor Pablo Larios, buscó afanosamente al compositor Cornelio Castro para preguntarle si no habría modo de que le agregara otro versito al corrido, que hablara también de su establecimiento.

Entrevista con don Santos Castañeda, de Zacatecas

Una competencia comercial como la establecida entre don Santos Castañeda y don Pablo Larios es muy diferente a la que están acostumbrados los comerciantes de otros lugares de la República. Baste señalar que aunque sólo hay cuatro metros de distancia entre los negocios de ambos personajes, el de Jalisco paga 900 pesos bimestrales de impuestos, y el de Zacatecas sólo 440, o sea, menos de la mitad, de donde resulta que don Santos Castañeda podría estar en condiciones de vender más barata la mercancía, pero vea usted lo que dice:

“Nadie puede dar más barato. Compramos caro todos… No… No metemos competencia. Si se me acaba una caja de refresco, ellos, los de Jalisco, me la prestan, y así yo también”.

— ¿Entonces son buenos vecinos?

— “Para mí ellos son buenos vecinos. Yo para ellos no sé”.

— ¿Usted es de Zacatecas, don Santos?

“Pura tierra santa, señor, tierra maciza, puro tepetate”.

— Y ya les van a echar la carretera, ¿verdad?

— ¿Cuál carretera?

— Pues la carretera Guadalajara-Colotlán, que va a pasar aquí por El Malacate.

“Uuh –dice don Santos—esa platiquita la he óido desde más de 20 años. Vienen los ingenieros, miden y vuelven a medir, pero no…

— ¿Entonces usted cree que no la echan?

“Pos mire, las promesas, debo decirlo, las oyemos a cada rato. A no ser que ‘ora que están estos señores de gobernadores, a lo mejor…”

Lo que dijo don Pablo Larios, de Jalisco

El Malacate. Fotografía de Ricardo Contreras Sustaita-

El Malacate, hoy.

El vecino de la izquierda, don Pablo Larios, el de Jalisco, no es menos guasón que don Santos. Los dos son gente cosmopolita, de frontera, acostumbrados a tratar con todo tipo de personas, y por lo mismo, ladinos:

— ¿Cómo anda la vida por acá en Jalisco, don Pablo?

— ¡Cara!

— ¿Igual que en Zacatecas?

— No, más cara todavía. Con lo que usted come en San Cristóbal de la Barranca (Jalisco) come dos veces en García de la Cadena (Zacatecas).

— ¿Y los impuestos?

— Cada quien siente el cabronazo de a como le llega, mi señor”.

— ¿Quién vende más, usted o su vecino de enfrente?

— Yo también trabajé allá…

— ¿Y qué tal las ventas por allá?

Mal, pos al fin Zacatecas…

— ¿Quién da más barato, usted o don Santos?

— Pos nomás cálele. Tómese una cerveza aquí y otra allá.

— ¿Es usted de Jalisco, don Pablo?

— “Yo soy de todo México, señor”.

Ésta fue la respuesta, característica de un aldeano que ha hecho su vida en la línea divisoria de dos Estados de la República Mexicana, donde curiosamente no se borra, sino que por lo contrario se remarca la identidad estatal, pero por encima de ello, la conciencia nacional.

javiermedinaloera.com

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Colotlán, eje de la vida regional.

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Colotlán, eje de la vida regional

 Escudo de Colotlán, bordado. De Colotlán la Historia en mil lugares en Facebook.
Escudo de Colotlán bordado a mano.

Por su importancia económica, social, cultural y política destaca en el Norte de Jalisco la ciudad de Colotlán, que salvo las épocas de mayor florecimiento de los minerales de Bolaños, fue y ha sido desde tiempos de la conquista española el eje sobre el cual gira la vida de la región comprendida hoy por diez municipios.

Colotlán proviene del náhuatl colotl (alacrán) y tlan (lugar), lugar de alacranes, y ¡vaya que había cantidad de arácnidos ponzoñosos en la región! Actualmente, aunque sigue habiendo alacraneras en los techos y muros de viviendas abandonadas, lo cierto es que éstas quedaron diezmadas desde los años 50 por los “rociadores” de la Campaña  Contra el Paludismo.

Ubicado a 200 kilómetros al norte de Guadalajara, Colotlán es cabecera del municipio del mismo nombre, que linda al norte con Santa María de los Ángeles, Jalisco; al oriente con Villanueva y El Plateado, del Estado de Zacatecas; al sur con Momax, también de Zacatecas, y Totatiche, de Jalisco, y al poniente con Monte Escobedo, Zacatecas.

Un Colotlán prehispánico de indios tepecanos

La conquista. De Colotlán la Historia en mil lugares.

El padre Nicolás Valdés, originario de Villa Guerrero y acucioso investigador de las cosas del Norte de Jalisco, dejó escrito que hubo un Colotlán prehispánico de indios tepecanos descendientes de los tepehuanes, todos “chichimecas”, es decir, de vida nómada y cultura ínfima. De su existencia da cuenta el Lienzo de Tlaxcala, mas no de su ubicación precisa, que probablemente estuvo en el elevado cerro situado a varios kilómetros al noroeste del actual Colotlán.

Se presume que el primer conquistador español que anduvo por estos rumbos fue Pedro Almíndez Chirinos, enviado por Nuño de Guzmán para buscar ciudades fantásticas, amazonas y metales preciosos, que desde luego no encontró porque sólo buscó a flor de tierra, no sabiendo que sí había muchos tesoros, pero debajo de las montañas, como después lo comprobaron otros españoles igual de ambiciosos, pero más pacientes: los mineros.

La fundación española de Colotlán en 1591

Colotlán hace tiempo. De la p. Catastro Colotlán en F

Preocupados los primeros gobiernos de la Colonia por los frecuentes levantamientos de los guerreros tepecanos, se resolvió por los años 1590 la fundación del pueblo de Colotlán, como una frontera militar contra los “bárbaros” del norte y para domesticar a los indios. Con este objeto se llevaron a Colotlán varios cientos de indígenas tlaxcaltecas, y además se fundó el convento de franciscanos, con lo cual dio comienzo la pacificación de la región, consumada hasta el siglo 18.

De acuerdo con un antiguo documento atribuido al colotlense José Antonio García, fue el 21 de agosto del año 1591 cuando el capitán Miguel Caldera, alcalde mayor de la Villa de Jerez y Valle de Tlaltenango, en unión del escribano público Miguel Acuña, dio las tierras para su fundación a nombre del rey de España Felipe II, a don Lucas Téllez y a don Diego Ramírez, e intimó la posesión del padre guardián fray Ignacio Cárdenas, dándole el nombre a la villa de Nueva Tlaxcala de Quiahuistlán, a la que después se llamó San Luis Colotlán.

El gobierno de la Zona Norte durante la Colonia

Parroquia San Luis Obispo. De P. Colotlán Jalisco (oficial) en F

Parroquia de San Luis Obispo.

Esta ciudad y su región, que comprende los actuales municipios de Colotlán, Santa María de los Ángeles, Huejúcar, Mezquitic, Huejuquilla El Alto, Bolaños, Chimaltitán, San Martín de Bolaños, Totatiche y Villa Guerrero, tuvo un régimen aparte dentro de la Nueva Galicia colonial. Era un gobierno militar dependiente del virrey, cuyo representante inmediato, ordinariamente un general, radicaba en la ciudad de Zacatecas: éste estaba representado a su vez en Colotlán por un capitán protector de la frontera y de los indios sumisos, en más de una veintena de comunidades, a los que administraba y hacía justicia.

Los capitanes protectores se sucedieron hasta fines del siglo 18, siendo el último don Antonio de Vivanco, rico minero de Bolaños, que obtuvo el título de marqués. Siguieron gobernadores hasta el fin del gobierno colonial.

Las guerras de Independencia y de Reforma

El uno de noviembre de 1810, don Marcos Escobedo, un hombre muy apreciado y respetado en el pueblo, y el señor cura Pablo Calvillo, quien tenía una gran influencia entre los indígenas, se pronunciaron por la independencia de México y se pusieron a las órdenes del señor cura Miguel Hidalgo y Costilla, organizando sus fuerzas y equipándolas con lanzas, machetes, ondas y flechas.

En enero de 1811 don Marcos Escobedo y el cura Calvillo recibieron instrucciones del señor Hidalgo, de marchar a Guadalajara con las demás fuerzas que salían del puente de Calderón a fin de resistir al general realista Félix María Calleja. Participaron en esta histórica batalla cinco mil indios flecheros de las fronteras de Colotlán.

A mediados del siglo antepasado Colotlán fue también una de las principales poblaciones desde donde se combatió en la línea liberal al “Tigre de Alica”, Manuel Lozada, quien con la promesa de devolverles sus tierras a los indios despojados de ellas, se levantó en armas en apoyo de los conservadores.

Comunicaciones, principal demanda de los norteños

Carretera a Colotlán. De P. Tlaltenango Zacatecas en F

Carretera a Colotlán.

Ya desde entonces se planteaba con urgencia la necesidad de una carretera entre Guadalajara y Colotlán, aprovechando el viejo camino de herradura que existía desde tiempos de la Colonia por el Cañón de Tlaltenango. Durante la segunda mitad del siglo 19 y la mayor parte del 20, la demanda fundamental de los jaliscienses norteños fue la integración de sus comunicaciones. El viejo anhelo de tener una carretera troncal con Guadalajara se hizo finalmente realidad hasta 1986.

Muchos se han preguntado sobre las causas por las que se abandonó durante tantas décadas al norte del Estado. Si bien es cierto que Colotlán fue cuna del general Victoriano Huerta, acusado de mandar matar a Madero y Pino Suárez, cosa que aún está por probarse, también es cierto que a lo largo de la historia esta región ha dado indiscutibles héroes a la patria.

La talabartería, orgullo colotlense

Silla de montar. De Colotlán la Historia en mil lugares en Facebook.

Silla de montar bordada a mano (de las económicas).

La agricultura y la ganadería siguen siendo base de la economía de este municipio en sus 514 kilómetros cuadrados, y aunque esta actividad ha decaído debido al abandono del campo, en cambio han florecido el comercio y las artesanías, especialmente la talabartería.
En este último renglón, Colotlán es reconocido a nivel nacional e internacional por sus famosos cintos pitiados, que habilísimos artesanos elaboran con cuero, así como por sus finas sillas de montar y otros artículos que demandan los charros.

Desde hace más de 100 años funcionan en ese lugar talleres de talabartería. Actualmente hay no menos de 100 establecimientos que producen sillas de montar, cinturones, chaparreros, bolsas de mano para dama sencillas y bordadas (pitiadas), así como botas, maletas y muchos otros objetos que la gente borda incluso en sus casas.

Entre los talabarteros hay quienes desean conservar el prestigio que con su trabajo han ganado, porque de aquí han salido sillas de montar para el rey Juan Carlos de Borbón, Ronald Reagan, Tony Aguilar, Vicente Fernández y otros muchos personajes.

Pero además hay alfareros que siguiendo una antigua tradición prehispánica, fabrican loza vidriada de uso común, y también se pueden adquirir aquí muchas de las artesanías que elaboran los indígenas de la Sierra Huichola, como son los vistosos trajes huicholes, morrales, sombreros y trabajos de estambre y chaquira.

Las fiestas tradicionales son el 10 de agosto, día de San Lorenzo Mártir; 19 de agosto, día de San Luis Obispo, y 10 de septiembre, día de San Nicolás.
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Los nombres de nuestros pueblos.

El Señor de los Rayos de Temastián.

 

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Los nombres de nuestros pueblos

 Mapa Zona Norte. De p. Cesar Cosío en F.Mapa del Norte de Jalisco y sus colindancias.

¿Sabemos lo que significan los nombres de nuestros pueblos? A toda hora los mencionamos, pero raras veces sabemos lo que quieren decir, a pesar de representar el lugar donde nacimos, vivimos y probablemente moriremos.

Cuando hace cerca de 500 años llegaron los españoles a conquistar el territorio de lo que ellos llamaron Nueva Galicia, que comprendía, entre otras regiones, el actual Norte de Jalisco, Sur de Zacatecas y este de Nayarit, todos los centros de población, lugares geográficos, montañas, arroyos y ríos tenían obviamente nombres indígenas.

Poco a poco, a medida que avanzó la conquista, las autoridades civiles y religiosas empezaron a rebautizar muchos de esos lugares, sobre todo con nombres de santos, pero la fuerza de la tradición y la costumbre logró imponerse en gran número de casos, conservándose hasta la fecha los nombres originales de una larga lista de comunidades y sitios geográficos.

Cabe destacar que estos nombres prehispánicos dicen mucho más sobre la naturaleza de cada lugar que los impuestos por los españoles, ya que nuestros antepasados indígenas tenían la muy atinada costumbre de nombrar a cada cosa de acuerdo con sus características o circunstancias y no por caprichos o intereses ajenos a las mismas.

Lo que significan nuestros pueblos

Colotlán desde lo alto. De la p. Catastro Colotlán en F

Vista de Colotlán.

De esta manera, hurgando en viejos papeles encontré una lista de 50 poblaciones del Norte de Jalisco, Sur de Zacatecas y este de Nayarit, con su correspondiente significado náhuatl. Esta lista fue elaborada probablemente por el padre Nicolás Valdés Huerta, destacado historiador de esta región, originario del actual Villa Guerrero.

Transcribo a continuación estos nombres y su significado:

ACASPOL, cajete de agua.

ACASPULCO, en el estanque del agua.

ACATEPULCO, en la orilla grande de las cañas.

ATOLINGA, lugar de jucias o espadañas.

ATONILCO (cerca de Florencia, Zac.), en el agua desbordada.

ASQUELTÁN, lugar de hormiguitas o asqueles.

CAMOTLÁN, lugar de camotes.

CICACALCO, casa de las hormigas grandes y ponzoñosas.

COCUASCO, donde anidan las tórtolas.

COCULITÉN, (entre Momax y Colotlán), lugar de tamales.

COLOTLÁN, lugar de alacranes (¡Y vaya que abundan!).

CUISCO, (cerca de Totatiche), en los milanos.

CHIMALTITÁN, entre los escudos o lugar escudado.

GUASAMOTA, donde se haya cierto garbanzo.

HUAJIMIC, árbol de guaje seco.

HUILACATITÁN, junto al palomar.

HUEJÚCAR, donde hay sauces.

HUEJUQUILLA, lugarcito de sauces.

Panorámica de Huejuquilla. P. Face, Huejuquilla El Alto

Panorámica de Huejuquilla.

JALPA, en la arena.

JUANACATIC, en el interior del cebollar.

JUANTÓN (entre Totatiche y Tlaltenango), la pequeña palma.

JUCHIPILA, lugar de florecillas.

JALOCO (arroyo de Tlaltenango), agua del pino real.

MAMATLA, la pequeña red de pesca.

MEZQUITIC, entre los mezquites o mezquitera.

MOMAX, donde se pesca con la mano.

NÓSTIC, entre los nopales.

PATAHUA (cerca de Villa Guerrero), lugar ancho o extenso.

PETACAL (cerro junto a Totatiche), cofre o cesto de mimbre.

El Petacal de Totatiche. De P. Jose Jesus Arellano Valdez en F

El Petacal, de Totatiche.

PIZOTITLA (cerca de Chimaltitán), lugar donde hay muchos puercos.

POCHOTITLÁN, junto a las ceibas o lugar de ellas.

POPOTITA, donde hay mucho popote o escobas.

TALESTEIPA (cerca de Tepechitlán), en la tierra del estafiate.

TEMASTIÁN, maestro de doctrina.

TENASCO, lugar del dolor o de los ayes.

TENSOMPA (municipio de Huejuquilla), lugar de breñales.

TEPACHUCA (cerca de El Téul, Zac.), lugar de gobernar y apedrear.

TEPECHITLÁN, junto al Cerro de la Espera.

TEPEC o TEPEQUE, junto al cerro o montaña.

TEPETONGO, en el cerro pequeño o cerrillo.

TEPIZUAC, los que tienen cosas duras.

TEUL, Dios.

TLALCOSAHUA, donde amarillea la tierra.

TLALTENANGO, en la muralla o albarrada de tierra.

TOCATIC, en el interior de las arañas.

TULIMIC (cerca de Momax), donde se acabó el tule o tule seco.

TOTATICHE, en la casa de nuestros padres.

TOTOATE, en el agua de los pájaros.

TOTOLCO, lugar de gallinas.

TOTOTLÁN, lugar de pájaros, zalates.

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En Temastián hay gobierno: El Señor de los Rayos

Arco de Temastián, a la entrada del pueblo. De P. Temastián Pueblo Jalisco Mex en F

Arco de bienvenida al pueblo de Temastián, Jal.

Transcribo el artículo publicado el 21 de noviembre de 2004 en “El Informador”, de Guadalajara, Jal., por la maestra Judith Rimoldi, al que solamente agrego un resumen de las obras realizadas hasta la fecha por el párroco de Temastián, Alejandro Valdez Loera.

Javier Medina Loera.

Autoridad es tener el poder de mandar y de hacerse obedecer, es imponer su potestad, es el gobierno que impone su poder de forma absoluta.

Temastián tiene autoridad reverenciada, temida y admirada. La máxima autoridad desde el siglo 16 es el Señor de los Rayos, respetado por su bondad, pero temido y reverenciado por su poder.

Él tiene el mando del territorio y de la colectividad; a golpe de vista se aprecia, hoy más que antes, la fuerte presencia del Señor; el pueblo gira en torno a su Santuario, también la actividad económica.

Temastián y los pueblos del Norte

Temastián tiene semejanza con los demás pueblos del Norte de Jalisco y Sur de Zacateas. La mayor parte de las familias se encuentra en los Estados Unidos, y esto también se nota en la ausencia de población y en la belleza de las señoriales y sólidas construcciones de cantera rosa, tan sólidas como la fe y el amor de un pueblo a su autoridad, su identidad y raíces.

Nuestros gobiernos, con los reglamentos emitidos, nos han acostumbrado a que, al arribar a una población, el recibimiento es con espectaculares de comercios, bebidas, comida, industria y demás.

En el pueblo del Señor de los Rayos también hay un espectacular al ingreso, es un orgulloso arco de cantera construida en su mayoría con recursos de los hijos ausentes; ningún pueblo de la región y pocos de México se engalanan hasta la fecha con este tipo de entradas.

Temastián se presenta bien plantado, como anticipando lo que dentro guarda. Así recibe a los visitantes, con la presunción de los dueños de su espacio, porque los de Temastián son dueños de su pueblo, sus costumbres y entorno.

En el pueblo del Señor de los Rayos la sociedad es una familia; el individualismo se hace a un lado cuando se trata de recibir al visitante.

Temastián, un lugar con armonía

Atardecer en Temastián. De Humberto Aguilera en Facebook.

Panorámica del pueblo (Fotografía de Humberto Aguilera).

Temastián ofrece a los peregrinos y visitantes un lugar con armonía. Afables recuerdos para los hijos ausentes es recordar y volver a vivir los espacios, es darse vuelta en la esquina de una calle para recordar:

“Me gustaba hacer los mandados a mi mamá, y de regreso de la tienda de don Bernardino, invariablemente subía a esta banqueta, que entonces tenía piso con mosaico de colores; yo daba vuelta a la esquina porque quería ser como alguna ¨curra¨ a quien seguro había visto cuando era muy pequeña, una señora con sombrero, falda de vuelo y tacones”:

Estela vuelve a subir la banqueta y se recrea dando vuelta de nuevo por la esquina.

El peregrino siempre aprecia la casa del Señor de los Rayos. Ahora, además de estima y admiración, surge airoso un nuevo esquema: Temastián es un ejemplo a seguir. Aquí no hay basura por las calles,tampoco anuncios de comercios que demeriten la imagen visual, los bebedores de vino no dejan huella, tampoco quienes suministran el significativo líquido.

Dice la gente grande del lugar que el padre Julián Hernández, sacerdote formador y constructor del pueblo, no permitía la venta de bebidas para quienes gustaban embriagarse. Después de él, son varios los sacerdotes continuadores de la obra.

El administrador del Señor de los Rayos

Judith y P. Valdés

La maestra Rimoldi y el padre Valdez , en Temastián.

Para Temastián, su máxima autoridad es el Señor de los Rayos, y desde luego tiene un representante, un administrador, quien ahora está al frente,  nativo del lugar, el señor cura don Alejandro Valdez Loera; él es el guía que sabe cómo, cuándo, y qué obras emprender porque conoce la vocación de los temastianenses, costumbres y tradiciones.

El padre Valdez no se cansa de dar ejemplo. Así lo califica Estela, cuando éste se arrodilla, devoto con las manos en cruz, para el rezo de la letanía. Los demás permanecen en pie:

“Hoy tenemos una familia que sufre por la muerte de su padre, su hermano, tío, abuelo. Como hermanos que somos, si no estamos firmes en la fe, estos eventos nos desilusionan”, dice.

Un cura que visita a los enfermos en bicicleta

 Tiene Temastián unos mil 500 habitantes, y el padre atiende a 75 enfermos. De éstos, cinco son de Acaspulco. Los de Temastián ya se acostumbraron a ver al señor cura montado en su bicicleta para visitar a los enfermos, con la valenciana del pantalón metida en los calcetines para no sufrir un accidente con la cadena del vehículo.

En Temastián todos conocen al señor cura; él emprende ahora maravillosa construcción en torno al Santuario, una arquería que respalda del busto de San Cristóbal Magallanes, es una arcada que pareciera estar bordada en filigrana. El atrio luce limpio, fresco, elegante en su sobriedad, con la mirada vigilante de su constructor, don Julián Hernández Cueva; los visitantes bien pueden sentarse en la “antesala de la casa”; cómodas bancas de hierro forjado invitan a tomar descanso y adentrarse en la meditación de este gran pueblo con autoridad, gobernado por el Señor de los Rayos y bien llevado por un excelente administrador: el padre Alejandro Valdez Loera.

Obras materiales del Señor de los Rayos

Por Javier Medina Loera

El mercado de Temastián.

El mercado de Temastián.

Pocos pueblos pueden darse el lujo de contar con una amplia lista de obras materiales dirigidas y financiadas por la Iglesia como es el caso de Temastián, en el Norte de Jalisco.

En su último informe, de 2014, el padre Valdez habla de un atrio ampliado con 5,500 metros cuadrados, así como un edificio de dos pisos que contiene en su planta baja una Colecturía de 15 metros de largo y 10 de ancho; Notaría Parroquial, Salón de Juntas y bodega. En la planta alta, 14 cuartos para reuniones sacerdotales.

Igualmente, un curato nuevo de dos pisos y corredores con arquería, 18 cuartos de servicio, comedor cural, cocina funcional y recibidor.
El colegio que fue de niños y de niñas, derribado para construir en su lugar un Centro de Servicios Múltiples, tiene hoy, en la planta baja, 32 locales comerciales, y en la alta otros 32 locales, 15 para catecismo y los demás para posible Curia.

Lo que fue Casa de Ejercicios Espirituales, fundada en los años 50 por el padre Hernández Cueva, se remodeló para construir un asilo de doble piso con 60 habitaciones, corredores y jardín.

También se lijó por dentro y por fuera todo el Santuario del Señor de los Rayos, construido con cantera blanca, que luce hoy “como blanca paloma mensajera”, dice el padre Valdez.

El santuario.  Fotografía de Humberto Aguilera.

El Santuario (Fotografía de Humberto Aguilera).

La inversión realizada, sólo en los últimos años, asciende a más de 36 millones de pesos, procedentes principalmente de donativos aportados por los devotos del Señor de los Rayos.

Tal inversión supera con mucho lo gastado en el pueblo por los tres niveles de gobierno, federal, estatal y municipal.

javiermedinaloera.com

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El Señor de los Rayos de Temastián

Señor de los Rayos.

   Estos gélidos días de enero contrastan con el cálido fervor religioso que se vive en Temastián, pueblo de cantera enclavado en el corazón del Norte de Jalisco, donde decenas de miles de peregrinos procedentes del Occidente y Norte de México, principalmente, acuden a celebrar, igual que todos los años, las fiestas del Señor de los Rayos. ¿Pero cuál es el origen de esta venerada imagen?, ¿cómo, cuándo y por qué se propagó devoción tan grande?

   Empecemos por decir que el Señor de los Rayos es una imagen del tamaño natural de un hombre, y de un Cristo, en el momento de expirar. Tiene la cabeza caída hacia el lado derecho. Su perfección como escultura es discreta, pero su piadosa actitud excita a la devoción de los creyentes.

Data del siglo XVI y proviene del Taller de Pátzcuaro

   Sobre el origen de la escultura se han ocupado varios autores, entre ellos el canónigo Luis Enrique Orozco y el padre Nicolás Valdés Huerta. De lo afirmado por ambos se puede concluir que el Cristo de Temastián está hecho de madera tan resistente que ha soportado el paso de los siglos. Data del siglo XVI y su manufactura corresponde al Taller de Pátzcuaro, en Michoacán.

   Aunque no hay constancia sobre el tiempo y modo en que esta imagen fue llevada a Temastián, todo indica que fue obra de los padres franciscanos de la Custodia de Zacatecas, quienes en 1591 establecieron un Centro de Evangelización en Colotlán, mismo que comprendía, entre otras doctrinas, las de Totatiche y Temastián. La fundación cristiana de ambos pueblos fue hecha por fray Juan Gómez entre 1592 y 1600.

Temastián fue primero Acatlan y luego Temaxtiani

Temastián. De P Con Amor y Fe en F

Altar mayor del Santuario del Señor de los Rayos.

   Por aquel tiempo, Temastián era una comunidad indígena llamada Acatlan, nombre náhuatl que quiere decir “carrizal”. Aún existe ese carrizal sobre el arroyo que cruza el pueblo, aunque ya reducido debido a la construcción de puentes.

   Los religiosos, al bautizar a los indígenas, añadieron a la comunidad el nombre de Espíritu Santo, quedando  como “Acatlan del Espíritu Santo”. Seguramente fue en ese tiempo cuando llevaron al Cristo, estableciendo ahí a un “temaxtiani”, que significa maestro, para que enseñara la doctrina.

   Al paso de los años desapareció el nombre de Acatlan, quedando sólo el de Temaxtiani, que era el mismo doctrinero. Después fue llamado Temastián del Espíritu Santo y finalmente Temastián a secas.

Señor del Rayo, porque le cayó un rayo sin dañarlo

La primera cruz del Señor del Rayo. De P. Colotlan Gob en F

Esta es la primera cruz del Señor del Rayo, que partió por mitad una centella, quedando ilesa la imagen del Cristo.

   Acerca del nombre dado al Cristo, cabe decir que en un principio y durante siglos se le llamó “Señor del Rayo”, porque según la tradición, estando los frailes predicando a los indios debajo de un mezquite, cayó sobre la imagen una centella, pero ésta no hizo daño alguno a la escultura, sólo a su cruz de madera, misma que aún se conserva en el Curato de Temastián con las huellas que dejó aquella descarga.

   A principios del siglo XVII, es decir, pocos años después de su traslado a Temastián, el Señor del Rayo contaba ya con una capillita, quizás de zacate o carrizo. Más tarde se construiría una capilla más sólida, incluso con cúpula, que habría sido destruida por una granizada a fines del siglo XIX, según informe del jefe político de Colotlán.

   El caso es que en 1922, cuando el padre Julián Hernández Cueva emprendió la construcción del nuevo santuario, había en el mismo sitio que ocupa hoy el majestuoso templo una capilla con torre, y en el atrio el cementerio, como se usaba entonces.

   Es posible –dice el padre Nicolás Valdés- que entre los documentos guardados por los indios en la casa anexa a la capilla, alguno consignara la procedencia de la santa imagen, lo mismo que el tiempo de la adquisición, pero esos papeles fueron quemados por el primer capellán, presbítero Miguel García Morfín, a fines de 1921 o principios de 1922, al sufrir un transtorno mental.

Los lugareños se encariñaron pronto del Señor del Rayo

Peregrinos de Tepic. De P. Temastian Jalisco Mexico en F

Peregrinos de Tepic, Nay., hacen su entrada al Santuario.

   En cuanto a la devoción al Señor del Rayo, preciso es señalar que los indígenas se encariñaron pronto de él, por considerar que los protegía de los rayos, frecuentísimos en la región. De ahí que le empezaran a llamar Señor de los Rayos, en vez de del Rayo. Sus más antiguas alabanzas, con todo el sabor indígena, así lo llaman ya.

   Hacia 1740 –asegura el padre Valdés–, era importante en la región el culto al Señor del Rayo. En el siglo XIX y hasta el arribo del padre Julián Hernández, la imagen contaba con devotos desde la Sierra de Morones hasta Nayarit, en sentido oriente-poniente, y desde Monte Escobedo hasta El Teúl, en el Norte-Sur.

   Posteriormente, la devoción se extendió a distintas regiones del país e incluso al extranjero, pues al fundarse la Pía Unión del Señor de los Rayos, el 29 de agosto de 1925, llegó a tener fieles devotos en Estados Unidos, España y América del Sur, hasta la Argentina, entre ellos 36 obispos y más de 100 sacerdotes.

Los ex-votos hablan hasta de milagros de resurrección

Retablo de arrieros del Sr. de los Raryos.

Un viejo retablo del Señor de los Rayos.

   Hoy día, la devoción al Señor de los Rayos se manifiesta claramente no sólo por las decenas de miles de peregrinos que llegan de muchas partes en las primeras semanas de enero y en general durante todo el año, especialmente los fines de semana, sino también por el sinnúmero de ex-votos o retablos que se exhiben en un salón especial del atrio de la iglesia. Todos ellos dan cuenta de infinidad de milagros atribuidos a la sagrada imagen, desde el remedio a males o problemas más o menos graves hasta testimonios de resurrecciones.

   A la fecha existen santuarios con réplicas del Señor de los Rayos de Temastián en Fresnillo, Zac., en la capital de Aguascalientes y en la parroquia de Rancho Nuevo, en Guadalajara, Jal.

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La cantina de Don Beto

Don Beto Rentería

   Don Beto Rentería, viejo cantinero, narra lo ocurrido hace más de 70 años en Huejuquilla El Alto, Jalisco, cuando ejercer este oficio era jugarse la vida.

   Desde principios del siglo XIX y hasta la fecha los mexicanos llamamos cantina a un lugar confortable y alegre donde se toma la copa con amigos y amigas.

   En este país las cantinas son establecimientos populares que operan desde la capital hasta en las más apartadas rancherías, con un servicio realmente completo: Bebida, comida, música, juegos de mesa y, con frecuencia, mujeres.

   Antecesoras de las cantinas son las pulquerías, expendios de las bebidas embriagantes más antiguas del país, elaboradas con el jugo de maguey. Cabe señalar, sin embargo, que a la fecha las cantinas sirven cualquier tipo de bebida nacional o extranjera.

Viejas cantinas de México y de Guadalajara

Cantina en Mazatlan, Sin. 1900. De Eduardo Cardenas ArtGallery en Imagenes historicas de Guadalajara.

Cantina en Mazatlán por el año 1900 (Imágenes Históricas de Guadalajara en Facebook).

   No hay pueblo mexicano que no tenga por lo menos una cantina. Las grandes ciudades, como la capital, disponen de cientos o miles, entre ellas “La Ópera”, en el Centro Histórico, donde se dice que en tiempos de la Revolución entró Pancho Villa a caballo echando bala.

   En Guadalajara, capital de Jalisco, segunda ciudad más importante del país, también hay cantinas famosas como “La Fuente”, favorita de periodistas y abogados. Todavía se conserva ahí, en un nicho, la bicicleta que un cliente olvidó hace más de 60 años, cuando fue a curarse la “cruda” (resaca).

   En general, la cantina es una institución democrática, con clientela de muy distinta condición económica y social, y preferida sobre todo por varones, aunque ya es muy común que entren mujeres.

La cantina de Don Beto

Panorámica de Huejuquilla. P. Face, Huejuquilla El Alto

Panorámica de Huejuquilla El Alto, Jal.

   Huejuquilla El Alto es cabecera de un municipio de ocho mil habitantes, en el Norte del Estado de Jalisco, distante 229 kilómetros de Guadalajara, y es famosa, entre otras razones, por sus cantinas que funcionan día y noche en la llamada Calle de Arriba. Es tanta la tradición de esta calle que en el corrido de la toma de Huejuquilla en 1912 por los orozquistas, defendida entonces por los maderistas, hay unos versos que dicen:

   Adiós Huejuquilla, la Calle de Arriba,

Se te acabó tu alegría,

Quedastes en ruinas para todo el tiempo,

Pues así te convendría.

   (Adiós Huejuquilla. Canta Aurelio Carrillo)

   Fue en esta calle donde por los años 40 del siglo pasado atendía su cantina Don Beto. Así llamaban y llaman sus amigos a don Alberto Rentería Figueroa, actualmente radicado en Guadalajara, con 94 años de edad.

   La cantina de Don Beto era en aquellos tiempos una de las más concurridas de la Calle de Arriba: dos puertas de madera, barra también de madera con tubo abajo para descansar el pie, mueble al frente para botellas y copas, espejo grande, sillas y mesas rústicas y una victrola (fonógrafo para tocar discos de 78 revoluciones).

La Ley antiborrachos

La Calle de Arriba en Huejuquilla, hace décadas. Foto de Romarico González.

  En esta esquina tenía su cantina Don Beto (Fotografía de Romarico González).

   Sucedió entonces que el Ayuntamiento, preocupado porque no había semana sin que hubiera muertos en el pueblo por pleitos de cantina (domingo sin muerto no es domingo, decía la gente), dispuso que todas las cantinas del municipio cerraran sus puertas a las cinco de la tarde (una hora muy temprana para cualquier bebedor).

   El caso es que un día, cuando justo a las cinco de la tarde Don Beto cerraba las puertas de su negocio, llegó entrado en copas nada menos que el jefe de Reglamentos del pueblo, un hombre conocido como Don Silve, y le dijo:

   –“No cierres, déjame entrar y sírveme un buen tequila”.

   –“No puedo servirte”, contestó Don Beto, “porque lo prohíbe la ley”.

   –“¡Yo soy la ley!, respondió Silve con toda autoridad.

   –“Sí, ya sé, ¿pero luego quién paga la multa…?”

   –“¡Multa es la que te voy a poner ahorita si no me sirves un tequila!”

   Así las cosas,  Don Beto no tuvo más remedio que franquearle el paso al funcionario, y una vez que éste entró, emparejó una de las dos puertas, teniendo el cuidado de atrancar la otra por dentro.

   El honrado servidor público dio un brinco y se sentó en la barra, con los pies colgantes. Luego ordenó a Don Beto que prendiera la victrola y que le pusiera su canción favorita “Cuatro copas”.

   Como a esa hora, cinco de la tarde, cerraban las demás cantinas y sólo se oía música en la de Don Beto, los borrachos se juntaron frente a la puerta atrancada y exigieron servicio, golpeándola y empujándola con los hombros. Pero como nadie abrió, se fueron a la otra puerta, que sólo estaba emparejada, y pensando que también estaría atrancada, se lanzaron contra ella para derribarla. ¿Resultado? Varios cayeron a media cantina, tendidos en el piso de cemento, con los sombreros por allá, pero portando pavorosos cuchillos en la mano.

   Sorprendido Don Beto por tan sorpresiva entrada de borrachos, fue a quitarles los cuchillos, mientras Silve, bajando rápidamente de la barra, les pisaba las manos. Entre los dos los sujetaron y luego los corrieron de ahí. Ya sin el peligro de ebrios armados, el funcionario subió de nuevo a la barra y siguió echándose tranquilamente sus tequilas, ahora sí, con las dos puertas bien cerradas y atrancadas.

¡Sorpresa al amanecer!

   Pasaron las horas y casi a la media noche el cumplido munícipe se despidió, obviamente sin siquiera pagar la cuenta. Don Beto cerró entonces su cantina, llegó a su casa y se acostó a dormir. Cuál no sería su sorpresa cuando al día siguiente, al vestirse, vio que la hebilla de su cinto, grande, plateada, traía grabado el rayón de una daga. Se acordó entonces de la trifulca de la noche anterior.

   “Si no hubiera sido por mi hebilla, uno de esos borrachos me hubiera matado”, recuerda todavía con asombro.

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Pastorela de Temastián: El diablo invadiendo tierras

 

Diablo de Pastorela

   Establecida en el siglo 16 por los frailes franciscanos para promover la evangelización de los indígenas en la Nueva España, la pastorela mexicana evolucionó a través de los siglos incorporando a su estructura tradicional cuestiones económicas y sociales de cada época, hasta llegar a nuestros días en modernas versiones que por el mes de diciembre se presentan en muchas ciudades y pueblos del país.

   La pastorela de Temastián, una de las más antiguas de México, que aún se presentaba  hace 20 años en esa población norteña de Jalisco, es una de las pocas que se conservan en su versión original. A juzgar por sus diálogos, que denuncian el despojo de la tierra a los indígenas por parte de los colonizadores, contiene elementos basados en hechos históricos del siglo 18, cuando se agudizó en esa región la invasión de tierras comunales.

Estructura básica de las pastorelas

Temastián en P. Temastián, Jal. en F.

Santuario del Señor de los Rayos en Temastián.

   La pastorela recrea el viaje de unos pastores que intentan ir a Belén para adorar al recién nacido Niño Dios, pero un grupo de diablos, que representan a los siete pecados capitales, trata de impedirlo. Al final, Satanás es derrotado por San Miguel y los pastores entregan regalos para el Santo Niño, lo arrullan y le cantan villancicos.

   En esencia, la pastorela es una representación teatral del nacimiento de Jesús, la llegada de los Reyes Magos y la constante lucha entre el bien y el mal que protagonizan ángeles y demonios.

   Se llaman pastorelas porque los principales actores son los pastores que luchan contra las tentaciones que les presenta el demonio mientras buscan a Jesús, que ha nacido en un portal.

  Algunos estudiosos aseguran que desde la época prehispánica había importantes representaciones teatrales derivadas de celebraciones rituales, lo que permitió a los misioneros españoles adaptar los autos religiosos europeos a la propagación del cristianismo entre los indios, mezclando sagazmente las técnicas española e indígena tanto en el teatro religioso como en las danzas y piezas musicales.

   Sin embargo, una vez establecidas en el país las pastorelas, éstas se fueron alejando de su contenido puramente religioso para adquirir un carácter más popular al reflejar costumbres y formas de vida de diferentes regiones, lo que dio origen a las versiones locales. Éste es el caso de la Pastorela de Temastián, poblado de raíces indígenas donde desde el siglo 16 se venera a la imagen de Cristo Crucificado conocida como el Señor de los Rayos.

Dos personajes irreconciliables: el ermitaño y el diablo

Diablo de pastorela 2

   La gente encontraba en la pastorela un grato pasatiempo escuchando, entre otras  cosas, los interesantes diálogos entre dos personajes irreconciliables, el ermitaño y el diablo, que no cesa de hostigar al santo varón. Al inicio del coloquio, Luzbel encuentra al ermitaño en su cueva y le pregunta:

  –Buenas noches, pobre anciano, ¿qué hacéis en este país? Ya que os he encontrado aquí, decidme en qué os ocupáis.

   –¡Señor, qué susto me ha dado! —le contesta el ermitaño–, no hallo ni qué responder, ¿no es acaso que en su cargo poco le importa el saber?

     Más adelante el diablo pregunta cantando:

     –¿Cuándo se llegará el cuando que el hombre suba a la gloria y que cante su victoria en aquella patria, cuándo?

     Y le responde el ermitaño en la misma tonada:

  –¿Cuándo Lucifer maldito se saldrá con ese intento?, ¿cuándo demonio avariento, cuándo, cuándo, cuándo, cuándo?

El huichol se enfrenta al terrateniente Luzbel

Huichol en Pastorela de Temastián

Adrián, el huichol, entre los pastores.

   Los personajes de esta pastorela son Parrado, Melesio, Turín, Merlín, Bato, Celio, Bartolo, Gila, Miguel, Gabriel, un ermitaño, Adrián (huichol), Luzbel y los diablos que representan los siete vicios: Soberbia, Avaricia, Lujuria, Ira, Gula, Envidia y Pereza.

   El coloquio, celebrado por la tarde o noche en el atrio del Santuario del Señor de los Rayos en los días cercanos a Navidad, con la concurrencia de casi todo el pueblo, incluía entre sus miembros al huichol, representado siempre por un indígena de la localidad. Por los años 20 del siglo pasado el papel del huichol, llamado Adrián, lo desempeñaba Benito Cánar, quien junto con su hermano, que eran pacíficos, fue muerto durante la Guerra Cristera (1926-1929).

   La lucha por la tierra, muy intensa en el Norte de Jalisco desde tiempos de la Conquista hasta el siglo 18 y todavía en la actualidad en la Zona Huichola, se revela en el diálogo que sostiene el indígena con Luzbel, en este caso el terrateniente invasor. Dice Luzbel:

   –Andamos colonizando estos sitios y terrenos. Hasta la fecha tenemos por nuestro este país, y para que aquí sigáis pastando vuestros ganados me han de pagar bien pagados sabana, pasto y piso, y si no ha de ser así, es preciso que mudéis vuestros ganados hasta fuera de los sitios que tengo colonizados.

    Responde el huichol:

   –Pues los sitios donde estamos y la tierra que tú pisas ni tú te la has de meter, porque no la colonizas; ésta la dejó el tío Malacadio, bisabuelo de don Nieves, y José Antón tuvo tres hijos y los tres se murieron, dejó los papeles fijos, los recogió tío Aniceto y ´ora los tiene guardados en un costalito prieto; alto, alto lo están colgados, y con su licencia de él metimos nuestros ganados.

   –Calla huichol barbaján -contesta el soberbio Luzbel-, aquí no valen influjos, desiste de tus abusos, porque hoy mismo lo verás.

   Y responde Adrián, sin la menor cobardía:

   —Tú ya me lo estás sustando, parece que soy tu muchacho; si me lo haces enojar, te lo dejo ir un flechazo.

    Al final de la pastorela canta el indio:

    Por tu calle voy pasando,

No dejes de ver si paso,

Para ir a regalar

A quien yo le estoy sirviendo.

Zenzontle hemos de agarrar,

Lo pájaro cardenal,

Para ir a regalar

A quien yo le estoy sirviendo.

Rechazan la injusticia, pero aceptan la doctrina

   Hermosa pastorela es ésta, llena de significado histórico-social, que revela la lucha desigual de la clase indígena contra los poderosos terratenientes invasores de sus tierras (lucha que hasta la fecha persiste en la Zona Huichola), pero que a la vez ilustra la aceptación y apego del indígena a la doctrina cristiana.

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