La Fiesta del Elote

Comiendo elotes

Comiendo elotes.

La tradicional Fiesta del Elote, con profundas raíces prehispánicas, ha sido retomada con entusiasmo popular durante los últimos años en Jalisco, bajo el impulso de sacerdotes católicos que ven en esta celebración el medio eficaz para afrontar los nuevos retos de la pastoral campesina, en un país donde todavía quedan dos figuras respetadas y casi intocables: la Virgen de Guadalupe y el maíz.

El maíz es sagrado, según antigua tradición

Muchas comunidades rurales mexicanas celebran desde tiempos inmemoriales la Fiesta del Elote (maíz tierno), especialmente en el mes de septiembre, cuando la planta empieza a dar mazorcas.

Entre estas comunidades figuran las indígenas huicholas, de Jalisco y Nayarit, pero también lo hacen poblaciones mayoritariamente mestizas como Tesistán, en Zapopan, y en los estados de Hidalgo y Veracruz, entre otros. Es una fiesta sagrada en la medida en que representa la reproducción de la vida misma.

En el rito católico, el fin es agradecer a Dios los frutos de la tierra

Sin embargo, en el rito católico la Misa del Elote tiene el propósito de agradecer a Dios, a través del santo patrono de cada pueblo, los frutos de la tierra. Este acto de acción de gracias viene a complementar a la Misa del Buen Temporal celebrada en junio, cuando los campesinos piden una buena siembra. Así lo afirma el capellán de Capilla del Refugio, municipio de Ixtlahuacán de los Membrillos, Jalisco, el padre Alejandro Orozco Raygosa, quien desde hace tres décadas fomenta esta celebración.

El padre Orozco, quien además de su labor pastoral es profesor de Filosofía de la Religión en el Seminario Diocesano de Guadalajara, explica que fue en 1985 cuando al cumplirse el cincuentenario del ejido de Santa Cruz del Valle, municipio de Tlajomulco, Jalisco, inició la Fiesta del Elote, que continúa celebrándose año tras año en ese lugar, y que al ser nombrado capellán de Capilla del Refugio, la estableció también en esta comunidad, con gran beneplácito de la población. Aunque aquí hay ahora un nuevo párroco, que es el padre Rodrigo Aranda, el presbítero Orozco lo sigue apoyando en la Fiesta del Elote y en otras actividades religiosas.

Capilla del Refugio, comunidad maicera por excelencia

Desfile del elote

El desfile del maíz en Capilla del Refugio.

Capilla del Refugio es una comunidad de 3,500 habitantes localizada a 30 kilómetros al sureste de Guadalajara, en una zona eminentemente maicera, a orillas del Río Santiago, pero con tierras de temporal en su mayor parte. Hasta las primeras décadas del siglo pasado funcionó como una extensión de la Hacienda de Atequiza, fundada en 1875, propiedad del exgobernador jalisciense Manuel Cuesta Gallardo, incondicional del Presidente Porfirio Díaz.

Al llegar ahí, el padre Orozco encontró una pequeña capilla consagrada en 1871 a la Virgen del Refugio por el obispo de Guadalajara, Pedro Loza y Pardavé, por lo que se dio a la tarea de construir un nuevo templo con mucha mayor capacidad que la capilla. Sin embargo, 20 años después la nueva iglesia resulta insuficiente para dar cabida a la gente que acude a la Misa del Elote; en su mayoría permanece afuera, en el atrio o en la plaza.

El maíz, factor de unión y detonante de alegría popular

Como todas las fiestas mexicanas, la del Elote en Capilla del Refugio es muy alegre. En el día convenido por los campesinos y el párroco, por la tarde se lleva a cabo un colorido desfile de tractores, con carros alegóricos y gente de a caballo que porta cañas de maíz y que recorren las principales calles del poblado, adornadas para el efecto con motivos tricolores (verde, blanco y rojo, de la Bandera nacional).

En medio de todo esto no puede faltar la banda de tamborazo que toca alegres melodías, así como los cohetes y vivas que lanzan los espectadores, quienes a su vez reciben elotes gratis, recién cocidos, que reparten bellas damas vestidas con trajes típicos.

El desfile desemboca en la plaza principal, frente a la cual se encuentra el templo nuevo. Los asistentes al oficio religioso portan cada quien una caña con elote, de suerte que la iglesia aparece como un amplio cultivo de plantas verdes espigadas. Al final de la misa se despencan los elotes de las cañas y se depositan como ofrenda al pie del altar. Luego, todos esos elotes son obsequiados a los asistentes.

Al término de la misa se celebra en la plaza la verbena popular, donde también se reparten elotes cocidos y tatemados, tamales, tacos y otros derivados del maíz. Hay ahí espectáculos de caballos bailadores, fuegos artificiales, palo encebado y, desde luego, música y baile, donde jóvenes y viejos se dan gusto.

Rescate de valores históricos, morales y religiosos

Ofrendas de elotes en Capilla del Refugio

La ofrenda del elote.

En su homilía de la Misa del Elote el padre Orozco aprovecha la ocasión para hablar acerca de la descomposición social que priva en los tiempos modernos, “donde el matrimonio está en crisis y los muchachos y muchachas se van al arroyo con mucha facilidad“. Este regaño lo envuelve en un semblante sonriente, lo que lejos de molestar, agrada a los jóvenes.

En conclusión, la Fiesta del Elote rescata valores históricos, morales y religiosos de los mexicanos, pero además fortalece los lazos de fraternidad entre los campesinos y contribuye a promover la producción agrícola en un país que, como México, se ha venido alejando de la autosuficiencia alimentaria.

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