Guadalajara, paraíso de carteristas

   Este trabajo obtuvo el primer lugar de la categoría profesional en el Concurso Periodístico de Comunicación Cultural, A.C., en el año 1978. Compartimos el galardón el colega y amigo Ángel Fuentes Ambriz (qepd) y un servidor. Incluye una entrevista con “La Pulga”, famoso carterista de la época. Hoy como ayer los ladrones trabajan a sus anchas en la ciudad, con el agravante de que ahora son más numerosos, agresivos y descarados.

     Javier Medina Loera.

 Carteristas. Imagen de El Referente.

 «Dos de bastos» (El Referente).

 En una ciudad donde policías y ladrones suelen ser socios inseparables, despojar de sus carteras a los pacíficos ciudadanos es un negocio redondo.

   Cientos de carteristas de todas las edades, de todas las categorías, de casi todos los Estados y aún de distintas nacionalidades de Centro y Sudamérica, han encontrado en Guadalajara el campo ideal, seguro, agradable y promisorio para trabajar.

   Las muchedumbres aumentan, la Justicia se vende, la sociedad se vuelve tolerante y los carteristas profesionales abandonan incluso el Distrito Federal, que era su refugio, para venir a esta ciudad a labrar su fortuna y su prestigio. Prueba de ello son las interesantes revelaciones hechas por agentes de la Policía y por carteristas.

Los grandes maestros

   El arte de robar carteras ha llegado a ser tan significativo en Guadalajara, que algunos de sus exponentes no sólo disfrutan de riquezas, sino también de influencia y fama, como son “El Maestro” y “El Príncipe”, éste último llamado también “El Artista”, de quienes se asegura que viven en magníficas residencias, viajan en automóvil propio y cuentan hasta con casas de campo para descansar los fines de semana.

   Asombra el respeto con que los carteristas hablan de “El Maestro” y de “El Príncipe”. Consideran el más alto honor haber trabajado alguna vez con ellos y dan cuenta de sus actos como si se tratara de las obras de arte más perfectas de la Tierra.

   Debajo de estos maestros hay una extensa gama de “mete-manos”, que van desde los muy competentes, pero que son despilfarradores y viciosos, hasta los niños de ocho o diez años, que apenas aprenden el oficio.

Cómo y dónde viven

   Muchos nacen ya carteristas en el seno de familias completas de ladrones, pero son también numerosos los que adquieren su formación durante la niñez y la adolescencia, en las familias desintegradas, en las vecindades pocilga, en los cinturones de miseria y en las pandillas de barrio.

   Se estima en más de 300 la población de carteristas activos en Guadalajara.  Por las características de su oficio, viajan bastante, organizan sus “giras”, no es estable su residencia, y esto dificulta en gran medida la acción de la Policía.

   Hay fechas especiales en que se acumulan los carteristas foráneos, en ocasión de ferias o fiestas religiosas, como la Romería a Zapopan, pero por lo general Guadalajara es durante todo el año la ciudad favorita de los ladrones. Dicen ellos que el Distrito Federal es mala plaza “porque los policías ya se hicieron muy exigentes… con los centavos”.

   Las ganancias de un carterista son, obviamente, muy eventuales. Algunos han agarrado “jales” hasta de 65 mil pesos, pero en su mayoría son muy flojos, no “pegan” diario, si les va bien un día, vuelven a trabajar hasta la siguiente semana. Despilfarran el dinero y por lo general son drogadictos.

   Viven en barriadas, procurando hacer el menor bulto posible. La Policía los ha localizado principalmente en Oblatos, Colonia  del Fresno, Polanco, Talpita y San Andrés, es decir, en los barrios viejos y populosos. Y, cosa curiosa, no los han encontrado en las nuevas áreas marginadas.

Quiénes son y dónde actúan

Camiones, carteras y carteristas.

 Con las carteras bien agarradas.

 Empleados y carteristas siempre abordan juntos los camiones urbanos, entre ocho y nueve de la mañana, una y dos y tres y cuatro de la tarde y siete y nueve de la noche.

   Los camiones, llenos o rellenos, son el principal campo de acción del carterista, pero no se quedan muy atrás los mercados populares, la Central Camionera, las grandes tiendas comerciales, las bodas en las iglesias y las salas de espectáculos. Aun en las pesadas horas de la madrugada, como en la Terminal de Autobuses, cuando los “Giles” o tontos que se dejan robar, están modorros, los rateros están más que despiertos.

   Y como en todos los oficios, también los carteristas tienen sus especialidades, tanto en cuestiones técnicas como en ambientes de trabajo:

   Los principales “envaisadores” de los camiones son los hermanos Rafael “El Maestro” y Carlos Alatriste, así como “El Príncipe” y su esposa (andan libres). “El Maestro” tiene unos 47 años, 1.70 de estatura, blanco, pelo algo ondulado, fornido, da la impresión de ser fuerte y, aunque no usa traje, viste con elegancia. Por su parte, “El Príncipe” tiene unos 35 años, es alto, moreno y fornido.

   Trabajan también en los camiones Gilberto “El Tripas”; Arturo Nuño Ruiz, quien inició su carrera robando tarjetas postales en el centro de la ciudad; Rubén Tejeda, alias “El Salario Mínimo” y su esposa Teresa (también libres). Por cierto que Tejeda debe su apodo a los agentes policíacos, quienes le pusieron “El Salario Mínimo” debido a su fama de tacaño, ya que siempre les regatea la “mordida” y les da el mínimo posible.

   “El Tripas”, Nuño Ruiz, “El Salario Mínimo” y su esposa, traen siempre amparos que los protegen de la Policía. Cuando los encuentra un “tira”, o sea, un policía, y les pregunta: “¿Traen contrato?”, ellos responden que sí, y entonces cada quien sigue su camino.

   En la Central Camionera “envaisan” Manuel “El Cremero”, que es un rata viejo, así como Guadalupe Luján, “El Hitler”, “El Ronco”, “El Compadre”, una mujer delgada, güera, llamada Lupe, y Juan “El Sapo”; éstos acostumbran “trabajar” también los templos y los espectáculos. Y en las tiendas del Centro Histórico, tres mujeres de México llamadas “Las Paulas”, dos de unos 35 años y la mayor de 55 (todas libres).

Las técnicas de trabajo

Antigua Central Camionera. Coplaur Guadalajara en F

Antigua Central Camionera, centro de operaciones (Imagen de Coplaur Guadalajara).

   Hay dos tipos de carteristas: los que trabajan solos y los que actúan en grupo. A todos los “traviesos”, como ellos se hacen llamar, les conviene el trabajo colectivo. Sin embargo, aunque suene como una perogrullada, es su falta de honradez la causa principal de sus desavenencias.

   Cuando actúan en grupo, hasta de cuatro o cinco, y alguien “se va al baño”, esto eso, que uno se escapa con el dinero y deja a los demás sin nada, surgen los pleitos entre ellos, y esto hace que algunos prefieran andar solos.

   La técnica del “paro” o “tranca”, que se usa de preferencia en los camiones, consiste en que mientras unos entorpecen el movimiento de la gente o distraen su atención con cualquier artimaña –“las bolas se hacen para robar”-, otros se encargan de sustraer las carteras de los ciudadanos.

   Quienes trabajan solos adquieren, por su parte, una extraordinaria destreza en el manejo de la “muleta”, que es cualquier objeto, una carpeta, una chamarra, un periódico, que les sirve para evitar miradas indiscretas cuando sutilmente hacen “el dos de bastos” en el bolsillo del prójimo. Algunos son todavía más disimulados cuando aparentan ser, por ejemplo, vendedores de pasteles: con la izquierda manipulan el canasto y con la derecha “envaisan” a su vecino.

   La mayoría son muy vivos. Con su vasta experiencia presienten a quien pueden “envaisar”. Después de los cursos teóricos y prácticos que reciben de sus maestros –todos los carteristas han tenido por lo menos un maestro-, afianzan sus conocimientos a través de los golpes y de las cárceles, algo semejante al moderno sistema de “Educación continuada”.

   “Voy a echar un tirito”, dicen, y si la víctima resultó ser una elegante dama que traía un buen bolso o “porta”, como le llaman ellos, entonces comentan: “Por ahí me eché una portita, y me salió poco más o menos”.

   Son livianos para correr, pero si por su mala suerte los sorprende la Policía, suelen exclamar: “¡Ya me torcieron!”, y luego se dirigen al “tira”: “Ai´ te va una cabecita (que son 100 pesos). Dame una cita para llevarte lo demás”.

   Sólo excepcionalmente algunos resultan demasiado torpes, como Manuel López Castro, alias “El Silencioso”, de 18 años de edad, quien vino de Culiacán porque ya lo habían metido 30 veces a la cárcel, y en Guadalajara, con apenas dos meses de “trabajo”, tuvo tres caídas en el Servicio de Investigaciones. “Cada vez que lo hago, me agarran”, confiesa.

Los jueces y la ley

Muchedumbres, ideales para robar.

«Las bolas son  para robar».

   El Juez Sexto de lo Criminal, Lic. Esteban Asunción Robles, informó que, aunque la Ley no especifica a los carteristas, si el robo no pasa de de mil pesos, se considera simple, y se castiga con seis meses a tres años de prisión y una multa de 50 a 300 pesos; cuando excede de mil pesos, las penas son de tres a nueve años de prisión y una multa de 300 a diez mil pesos, sin derecho a fianza.

 Pero si el carterista actúa con violencia –a veces traen armas blancas-, entonces, aparte de las penas por robo, se aumenta el castigo de dos a cuatro años de prisión.

   En sus declaraciones, los carteristas casi siempre manifiestan que es la Policía la que los obliga a robar, porque, como ya están fichados, aunque no roben los pueden detener por vagancia y malvivencia, exigiéndoles cuotas a cambio de no molestarlos.

   Por su parte, el Lic. Jaime Cedeño Coral, magistrado del Supremo Tribunal de Justicia del Estado, afirmó que muchos carteristas obtienen amparos administrativos del Juez de Distrito para no ser detenidos, pero si al carterista lo agarran in fraganti, el amparo se anula automáticamente.

   En general, dijo el Lic. Cedeño, estos amparos son tramitados por abogados de pocos escrúpulos, ya que saben bien que quien los solicita es gente que se dedica a cosas ilícitas.

Entrevista con “La Pulga

   Guillermo Barba Rentería, alias “La Pulga”, uno de los más hábiles carteristas de Guadalajara que tuvo la mala suerte de caer en la cárcel, accedió a una entrevista en su celda del Penal de Oblatos:

   -¿Por qué te dicen “La Pulga”?

   -Quizás por mi físico.

   “La Pulga” es un individuo joven, de 25 años de edad, carterista desde los 12, delgado, moreno, estatura media, ojos negros, con cicatrices de viejas peleas callejeras en el párpado superior y en la mejilla inferior y con nariz asimétrica por fracturas.

   Vestido con pantalón guinda, guayabera violeta con grabados blancos, zapatos blancos, limpio, elegante, Barba Rentería se muestra receloso, al acecho, precavido, consciente del terreno que pisa:

   -¿Son ustedes periodistas? No publiquen todo, porque el Juez… Y los demás… Ustedes saben.

   Habla pausadamente, quizá por la drogadicción. Lo reconoce: “Soy drogadicto”. Pero se cuida mucho de no caer en el argot o lenguaje común de los carteristas:

   -Me inicié cuando estaba pequeño, en la escuela Lázaro Cárdenas, en el barrio de San Andrés, donde estudié hasta sexto año. Mi papá era taxista y éramos once hermanos. No teníamos qué comer. Al principio, me hicieron robar la necesidad y las malas compañías. Mis amigos me sonsacaban…

   Con manos vivas, expresivas, dedos finos con yemas abultadas y sin señales de trabajos pesados, “La Pulga” continúa:

   -Ser carterista no es fácil, y menos cuando alguien grita: ¡Deténganlo, es un ladrón! A mí me enseñó en un mes “El Negro” Lucino, de Tijuana. Lo conocí en 1967 en un camión. Me daba 100 o 200 pesos por cada trabajo. Después, yo siempre trabajé solo. Para esto usaba mi chamarra o la punta del saco. Siempre me gustó trabajar solo, porque así no tiene uno qué compartir con nadie…

   -¿Ni con la Policía?

   -Los policías son unos rateros.

   -¿Más que los carteristas?

   -¡Los policías son más rateros que los rateros de todas las especies!, enfatizó “La Pulga” con un cambio brusco en su estado de ánimo.

   Hombre que lo ha vivido todo en 25 años, hastiado, resentido, cansado, pero con viveza todavía, “La Pulga” prosiguió:

   -Los judiciales y agentes del Servicio Secreto cobran entre mil y dos mil pesos, y los azules (policías municipales), entre 600 y 800 pesos, según como sean de conscientes. Esto, por la pura ficha.

   -¿Es cierto que los choferes de los camiones también son cómplices de ustedes?

   –Eso no es cierto, dijo sin titubeos.

   -Dada tu reconocida habilidad en este trabajo, Guillermo, ¿tú podrías sacarme en este momento la cartera, sin que yo me dé cuenta?

   -No. Porque no se quita la cartera a alguien que ya sabe, que ya espera… Y siempre se nota cuando alguien trae cartera o dinero. Además, se necesita habilidad y valor. Yo no me enseñé bien… Nunca saqué más de mil pesos.

Lo que dijo el jefe de la Policía

Buscando carteristas.

En busca de carteristas.

   El jefe del Departamento de Seguridad Pública y Prevención Social del Estado, mayor Eduardo Ramírez Santamaría, fue entrevistado en su despacho de la planta alta del edificio de Tránsito. Tanto en una pared de su antesala como bajo la cubierta de cristal de su escritorio, llaman la atención dos cartulinas con una cita del gobernador del Estado:

   “Los embates de los delincuentes comunes y de los activistas ideológicos de todo signo encontrarán a las fuerzas de seguridad de pie y de frente, combatiendo sin tregua y con la ley, todos sus desmanes”. Flavio Romero de Velasco.

   Ramírez Santamaría es hombre sencillo y accesible; su despacho es sobrio y agradable; hay ahí un equipo completo de radio, receptores y transmisores; cuatro teléfonos (rojo, negro, gris y blanco); una fotografía de su esposa y de su hija; seis trofeos de tiro, y en el estante hay libros sobre administración y planeación de la policía y “best-sellers” como “La Fuga del Siglo”.

   “Cuando llegué aquí –dice– había cierto control de carteristas por parte de los agentes, que a base de cuotas los dejaban trabajar. Un día los reuní y les advertí que sería dado de baja aquél que protegiera a los rateros, y pronto me juntaron como 60 carteristas; los encerramos unos días y, cosa curiosa, en esa semana no hubo carteras robadas en Guadalajara. Pero los tuvimos que soltar, porque no les podíamos probar nada en ese momento.

   “Actualmente –agregó- no faltará quien tenga algún control, pero ya está muy limitado. Hemos cesado por lo menos a diez elementos. Se releva continuamente a la gente para evitar compromisos en determinados ambientes, y existe una estrecha coordinación nacional y estatal para el control de fichados. Cada caso lo boletinamos por télex a toda la República y, a la vez, solicitamos fichas”.

   –¿Cuál es la causa fundamental de la plaga de rateros?

   -El desempleo es determinante. Hay gente que se viene con la buena intención de trabajar, pero no les queda más remedio que robar, concluyó el jefe policíaco.

La autodefensa del ciudadano

   Con tanto carterista suelto, ya sólo queda adoptar el sistema de los rancheritos cuando vienen a la ciudad: echan su dinero en una bolsita de manta, bien asegurada, y ésta se la amarran de la cintura con unos cordones, a doble vuelta, por debajo del calzón. ¡Y sáquenlo de allí, si pueden!

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7 comentarios sobre “Guadalajara, paraíso de carteristas”

  1. Gracias por la oportunidad de tener a la mano este excelente trabajo, estimado Javier. Me hiciste recordar horas de plática sobre estos temas con Angel y la motivación para buscarle lados al reportaje que profundizara en el tema. Muchas felicidades.

    1. Gracias a ti, por tu comentario, estimado Miguel Ángel. Este trabajo me recuerda mucho, igual que a ti, la estrecha amistad con Angel Fuentes y lo bien que la llevamos no sólo en lo personal, sino también en el campo profesional. Un abrazo.

  2. Un botón de muestra del trabajo fecundo de ambos periodistas, que, proporciones guardadas, es aplicable para inferir la realidad actual.

    La reseña puntual del delito y sus actores, activos pasivos y autoridades, con la descripción viva de sus personalidades, motivos y resultados, dentro de la vida de la sociedad Tapatía, en la segunda mitad del siglo XX.

    Una Gran Felicitación, trabajos así crean conciencia social. Gracias.

    1. Gracias, Enrique. Como bien lo dices, lamentablemente, a 35 años de distancia de aquella situación, hoy estamos peor, con más ladrones y aparte más agresivos y descarados. Cambian los nombres de los protagonistas, pero no las malas mañas. Un abrazo.

  3. JAVIER MEDINA LOERA. TU EXCELENTE ARTÍCULO PUBLICADO HACE 36 AÑOS ESTA VIGENTE, HAN CAMBIADO LOS NOMBRES DE LAS ACTORES, PERO EL TEMA CONTINÚA. VALE LA PENA HACER POSIBLE LA DIFUSIÓN MASIVA DEL ARTÍCULO PREMIADO QUE HE LEÍDO. MI RESPETO A TU PLUMA. TE DESEO BUENA VIDA, CON SALUD.

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