Perdido en el Reclusorio Oriente. Entrevista con FRV

   Realicé esta entrevista con el ex gobernador de Jalisco, Flavio Romero de Velasco, en el Reclusorio Oriente de la Ciudad de México, el 29 de febrero del año 2000, y se publicó en El Informador el 6 de marzo del mismo año. Don Flavio había sido aprehendido en Guadalajara el 23 de enero de 1998, acusado de complicidad con el narcotráfico, y fue liberado por falta de pruebas el 14 de julio del 2001. Romero de Velasco atribuyó esta detención a una venganza política del Presidente Ernesto Zedillo, quien gobernó el país entre el 1 de diciembre de 1994 y el 30 de noviembre del 2000.

   Javier Medina Loera

Flavio Romero de Velasco. Cartón de Caloca. El Informador.

 Cartón de Rodolfo Caloca.

   Para entrevistar al ex gobernador de Jalisco, Flavio Romero de Velasco, en el Reclusorio Preventivo Oriente del Distrito Federal, había dos caminos: uno, registrarme como periodista ante las autoridades del penal, con lo cual obtendría quizás las facilidades del caso, pero también el riesgo de censura y ocultamiento de la verdad que se vive en el centro penitenciario. Dos, correr la aventura que como ciudadanos comunes y sin influencias padecen miles de visitantes que tienen parientes o amigos en ese lugar. Opté por el segundo.

  Me informé sobre los días y horarios de visita y requisitos para ingresar al reclusorio, entre ellos, vestir prendas que no sean de color beige o negro, para que el visitante no se confunda con el uniforme reglamentario de internos y custodios. En mi caso, es obvio que tampoco debía llevar cámara fotográfica, grabadora, y menos aún credencial o tarjetas de periodista.

   Así, vestido con camisa amarilla y pantalón verde soldado, llevando conmigo sólo un libro como regalo a don Flavio, una docena de fichas de registro para tomar notas, dos plumas económicas, credencial de elector y billetera con no más de 600 pesos, me apersoné a las 9:30 horas del jueves 29 de febrero del año 2000 (me habían dicho que el jueves era el día de menos visitas) frente al Reclusorio Oriente ubicado en el número 100 de la Avenida Reforma Oriente, en la Delegación de Iztapalapa, un edificio de corte moderno con fachada de concreto y ladrillo rojo de fábrica.

   Cuando llegué a ese lugar había ya una fila de más de 500 personas para ingresar al penal. Tomé mi lugar al final de la misma, y no había pasado ni un minuto cuando se acercó un niño de unos 10 años preguntando si quería un lugar adelante. Le respondí que no, porque éste era el sitio que me correspondía por haber llegado tarde. Le expliqué que los mexicanos debíamos acostumbrarnos al orden y al respeto a los demás.

El “hotel” más caro del mundo

Reclusorio Preventivo Oriente del D.F.

Reclusorio Oriente del Distrito Federal.

   El discurso que le receté al niño hizo reír de buena gana a una joven señora que hacía fila frente a mí: “Ésta es la primera vez que viene usted, ¿verdad?”. “Sí – le respondí-, tengo un amigo en el Dormitorio 9, que quiero visitar”.  -¿En el dormitorio 9?, preguntó sorprendida, “¿entonces, por qué no le hizo caso al muchacho ése? Ellos a eso se dedican: madrugan, toman los primeros lugares de la fila y luego los venden a diez pesos. De otra manera, usted va a esperar aquí por lo menos hora y media, porque primero entran los influyentes y los que pagan, después los pobres”.  -“Pues, prefiero esperar”, contesté.

   “Creo que está usted en un error”, insistió la señora, “porque si viene al Dormitorio 9 es porque tiene con qué pagar, y acuérdese que éste es el hotel más caro del mundo. Aquí se paga por todo”.  -“Pues de todos modos me quedo. Cumplo con todos los requisitos del Reglamento y no tengo por qué pagarle nada a nadie”, le dije todavía con mucha dignidad. La mujer rió de nuevo y movió la cabeza como diciendo: “Qué tipo tan terco”.

   Pasó efectivamente hora y media antes de que llegásemos al portón principal, donde hay un gran letrero que dice: “Todos los servicios que presta esta institución son gratuitos. Artículo 146 del Reglamento”.

   Al cruzar el umbral hay una gran explanada, a la que llaman “aduana”, con mostradores donde se solicitan los pases personales. Ahí se forman también enormes filas, dependiendo de la sección adonde van los visitantes, así como las áreas de revisión para hombres y mujeres, registro de pertenencias, etcétera. Me formé en la fila que tenía menos gente, y al llegar mi turno, una mujer con rostro duro y voz tronante pregunta: “¿A dónde va?”  -“Al Dormitorio 9”.  -“Esta vez le voy a dar el pase, pero ¡para la próxima se forma usted en el uno!”.  -“Sí, señorita”.

   Con el pase color rosa en la mano me dirigí al puesto de “Revisión de hombres”. De nuevo formé fila y a esperar turno. Hay ahí varios compartimientos con puertas de entrada y salida hacia un corredor que conduce a los dormitorios. En cada uno hay un custodio uniformado de negro que revisa a los visitantes. Me tocó el uno. El policía, un tipo joven, tez blanca, baja estatura, de bigote, me revisa y pregunta: “¿Para qué tanto papel”?  –“No señor, es solo un libro para regalo y fichas para tomar recados”.  –“Pos es mucho papel. Además, présteme su billetera. ¡Uhh… Y también trae mucho dinero”. Y poniéndose muy serio, ordena: “Tiene usted que acudir a Pertenencias para registrar estos papeles y el sobrante de dinero”  – “¿Dónde queda eso?  –“Por allá”, me respondió de mala gana, señalando otra fila como de 300 personas cargadas con bolsas.

   A estas alturas ya me había arrepentido de no aprovechar las influencias. Comprendí que si seguía así, me pasaría todo el día haciendo filas, sin cumplir con la misión que llevaba. Así que le dije al policía: “Oiga amigo, ¿no habrá otro modo de arreglar las cosas?” El antes celoso guardián se puso feliz, extendió las manos hacia mí y sonrió de oreja a oreja. Entonces saqué un billete de 20 pesos y casi me lo arrebató. -“¿Qué tengo que hacer ahora?”, pregunté.  –“Nada. Irse al Dormitorio 9”.

Rumbo al Dormitorio 9 ¡Qué experiencia!

   Hay que pasar por un laberinto de corredores, rejas y puertas de acero, donde le sellan a uno la mano derecha, que luego hay que ir metiendo tanto en la ruta de entrada como de salida, por una serie de cajitas con luz infrarroja que sirven para distinguir a los visitantes de los internos. En uno de estos primeros puestos se canjea el pase rosa por un gafete rojo numerado, especial para los que van al Dormitorio 9. Ahí se entrega también la credencial de elector, que luego se recoge a la salida.

   En mi caso, lo peor de todo es que me extravié en aquel laberinto de concreto y acero. En vez de llegar al 9, fui a parar al Dormitorio General donde vegetan los presos en medio de la más espantosa promiscuidad, suciedad y degradación. De pronto me topé con un tumulto de más de 100 internos que me preguntaban a dónde y con quién iba. Contesté que al Dormitorio 9, con don Flavio Romero de Velasco. ¡Grave error! Todos querían dinero. Saqué un puñado de monedas de cinco y diez pesos y las repartí. Para esto, los custodios nomás observaban de lejos, sin la menor intención de intervenir; creo que algunos hasta se reían, ¿o serían mis nervios?

   Luego, de entre los mismos presos, salió un tipo peinado con cola de caballo, voz y ademanes de líder, calmó a los internos, me tomó del brazo y sacándome del tumulto, dijo: “Yo te llevo con Flavio”. Me aconsejó que en el recorrido que hiciéramos, aunque me pidieran más dinero, a nadie le diera, nomás a él. Y así lo hice. Me condujo hasta la puerta del Dormitorio 9, le di las gracias y 27 pesos, lo último que me quedaba en el bolsillo.

El paraíso del Reclusorio Oriente

Fromero

 Flavio Romero de Velasco.  

   Tan pronto como ingresé al Dormitorio 9, pude reconocer a 20 metros la figura de don Flavio, solo, sentado bajo una sombrilla, vestido con chamarra, camisa y pantalón beige, los colores reglamentarios, y con sus acostumbrados lentes blancos que usaba para leer. Un libro abierto sobre la mesa, la “Historia de la Humanidad”, de Plaza & Jones. También él me reconoció de inmediato, se levantó y salió a mi encuentro con su amable saludo de siempre: “Qué dice Temastián”  (mi pueblo de origen).

   Me invitó a tomar asiento: “Llega usted al paraíso del Reclusorio Oriente”, dijo sonriendo.  -“Si, pero ya me andaba para llegar aquí”, contesté, y le conté mi odisea. -“No es más que el reflejo de México”, añadió sin más comentario.

  El Dormitorio 9 es en efecto el paraíso de este reclusorio: un espacio protegido, de poco más de media hectárea empastada; luce frescos alcatraces alrededor y en medio hay varias sombrillas playeras con mesas y sillas de plástico, donde conviven 40 internos. Esta área contrasta con el resto del penal, sobresaturado con una población de 7,341 internos, cuando su capacidad instalada es de sólo 4,293.

   – ¿Cómo va su caso?

   – Después de un largo itinerario judicial en el que se han cometido múltiples atracos e inepcias al margen de la Constitución, mi caso está sujeto a revisión en un tribunal colegiado integrado por magníficos juristas y hombres probos, ante quienes casi es imposible que pueda llegar alguna consigna, que de ningún modo aceptarían.

   Este tribunal colegiado –agregó- conocerá de las violaciones que al margen de la Constitución se han cometido. Las resumió así: 1.- Se me ha aplicado sin ningún pudor retroactivamente la ley. 2.- Tres veces he sido consignado por los mismos hechos. 3.- Violando los requisitos de procedimiento se me ha juzgado sin haber querella de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. 4.- El Ministerio Público representante de la Procuraduría General de la República rompió el principio de indivisibilidad de la acción penal al hacer dos consignaciones paralelas más, sin tener ya el carácter de autoridad porque era parte de mi proceso. 5.- En esta segunda consignación no se me escuchó en declaración ministerial, ya que no fui citado a declarar. 6.- Se me está aplicando la ley por analogía y mayoría de razón, porque los hechos que se me imputan en el proceso son conductas que corresponden a terceras personas que no conozco. Todo ello está plenamente comprobado.

 Inexplicablemente –continuó- todos estos señalamientos han sido infructuosos en detrimento de mi libertad, de lo cual se desprende que a mí no se me ha aplicado la ley, sino la fuerza del poder.

     – ¿Cuándo obtendrá su libertad?

   – Ya era para esta semana. Sin embargo, debo esperar el término que los señores magistrados necesitan para fundamentar su decisión. En cualquier momento, a partir de esta semana, puedo salir libre.

   – ¿Qué resultado ha tenido la reciente petición de su hija Cynthia al candidato presidencial del PRI, Francisco Labastida, para que intervenga en su favor?

   – Fue un hecho emotivo, justificable de parte de mi hija, por las injusticias de que he sido objeto. No creo que el licenciado Labastida pueda tener intervención alguna, porque mi asunto no puede ser sujeto de recomendacionismo, ya que los juzgados determinan lo que en justicia proceda.

  – ¿Cree usted que su caso tenga que ver con alguna venganza política?

   – (Sin titubeos) Soy víctima de una venganza política, porque mi asunto es estrictamente político con presuntas justificaciones de tipo judicial.

   –  ¿A quién culpa?

   – A quien resulte responsable. Cabe decir que en principio el Estado Mayor Presidencial conoció de la carta que yo le envié al Presidente de la República [Ernesto Zedillo] a través de su hermano. Un vicealmirante del Estado Mayor Presidencial me habló por teléfono a Guadalajara para que yo le explicara el contenido de esa carta. Esta persona desayunó conmigo en el Sanborn´s de Vallarta. Días después el Estado Mayor Presidencial entregó la carta a la PGR para que procediera a la investigación de los hechos que yo demandaba en dicha carta.

    Cabe preguntar: ¿Acaso el Estado Mayor Presidencial de “motu proprio” hizo alguna recomendación a la PGR para que procediera en mi contra elaborando una serie de hipótesis figurativas para de alguna manera aparecer como inculpado de sospecha?

   La conclusión es que yo he sido denunciante y víctima a la vez. ¿A quién denuncié yo? A la persona que me engañó y que se decía amigo personal y representante del Primer Magistrado.

   – ¿Su caso podría ser parte de un rencor de la Federación contra Jalisco?

   – No creo que haya rencor o malquerencia de la Federación contra Jalisco, porque en realidad, los rencores políticos, de haberlos, serían contra las personas y no contra el Estado. Yo pude haber tenido diferencias con la Federación, pero no enfrentamientos.

  – ¿Considera usted que la justicia mexicana es limpia y que no recibe consignas del Poder Ejecutivo?

   – Mire usted: De todo hay en la viña del Señor. Yo no puedo decirle que todos los jueces son corruptos y susceptibles de influencias ni que todos sirven estrictamente a las más altas causas del Derecho. En este medio, una gran mayoría de jueces, tengo la certeza de que son incorruptibles, pero también le expreso que muchos de ellos son verdaderos mercaderes de la justicia.

   Afortunadamente, el presidente de la Suprema Corta de Justicia, de hoy, ha hablado con claridad y suficiencia para dar confianza a los servidores de la ley, haciéndolos responsables de sus propias soluciones sin admitir recomendaciones o consignas que desvirtúen la acción de la justicia.

  – Me impresiona verlo –le dije, cambiando el tema– en magnífica condición física. Pensé que lo iba a encontrar abatido.

   – No estoy abatido, ¡estoy indignado! Aquí muchos están resignados, pero quien tiene la conciencia limpia, de ninguna manera.

   A mis 74 años tengo una espléndida salud de conscripto. No he tenido enfermedad nunca en mi vida. Sin embargo, he sufrido aquí dos graves contratiempos: el primero, en el temporal de lluvias de 1998, cuando estando leyendo afuera de mi celda, porque tengo claustrofobia, empezó a llover y me refugié en un tejabán que está atrás del dormitorio. Cayó un rayo junto a mí y salí botado, salían chispas de los tubos y me salvé de milagro. En la caída que tuve me fracturé dos costillas.

   El otro fue hace seis meses, por una caída cuando hacía ejercicio, como lo hago diariamente a las siete de la mañana. Sufrí un fuerte golpe en el codo, que me produjo un derrame cinobial tan tremendo que tuvo que venir un cuñado mío a operarme con 15 puntadas. Pero, fuera de eso, ni gripe me ha dado. Es más, nunca sufrí enfermedades, ni de las de niño. Tengo estómago de concreto.

    – ¿Qué trato le han dado las autoridades del Reclusorio?

    – El trato es amable, que no por ello deja de ser igualitario.

    – Sus alimentos, ¿cómo son?

   – Yo los encargo. Es una especie de comida familiar, para no comer lo que comen aquí todos los presos, que es espantoso.

   – Hábleme de un día cualquiera. ¿Qué hace desde que se levanta hasta que se acuesta?

    – Decía un maestro mío, don Edmundo O´Gorman, hermano de Juan, que la rutina y el hastío doblegan el alma. Yo no me he dejado doblegar, porque tengo afortunadamente el vicio de la lectura. Estoy escribiendo un libro de ensayos, que desgraciadamente tuve que interrumpir cuando fui aprehendido. Sin embargo, le he dado cierta continuidad en mi cautiverio. En este momento escribo el segundo tomo.

   Para quienes tienen pendientes con la sociedad la rutina hostigante es castigo, lo cual no es mi caso.

   – ¿Duerme bien?

   – Duermo bien, excepto cuando las preocupaciones y las injusticias llegan a enfermarme de desesperanza.

   – Y al llegar esa desesperanza, qué es lo que le reconforta?

Flavio Romero y familia.

 Don Flavio con su familia, en Casa Jalisco.

  – El apoyo incondicional de mi esposa y de mis hijos. Sin embargo, me deprime el olvido de mucha gente de mi afecto que acaso haya podido imaginar que yo en un momento dado de debilidad haya sido capaz de una impostura que desdijera la limpia trayectoria de toda mi vida.

    – Sus finanzas personales, ¿es cierto que andan mal?

    – A partir de esto, mis modestas reservas se agotaron, llegando al extremo de estar demandado por mi propio abogado defensor. Tengo ciertamente crisis de liquidez, pero no insolvencia.

  – ¿Y de esas muchas personas a las que usted ayudó en su momento, ninguna le ha ofrecido apoyo gratuito?

   – Aquí no. En Guadalajara he recibido el apoyo jurídico de dos personas excepcionales, como lo son el licenciado Pedro Aguilera y la licenciada María de la Luz Casillas. Es un servicio generalmente desinteresado.

   – ¿Su partido qué ha hecho?

   – Algo que verdaderamente me contrastó después de 48 años de militancia en mi partido, es haber recibido la suspensión en mis derechos partidarios (no estoy expulsado) al tercer día de haber sido consignado, y cuando apenas el juez de mi causa empezaba a enterarse del turbio expediente de consignación. Con ello, asumiendo funciones jurisdiccionales que no le competen, me dejó el estigma de su condena anticipada, sin darme siquiera oportunidad de defenderme.

  – Sin embargo, el precandidato panista que hoy puntea en las preferencias electorales de Jalisco, Francisco Ramírez Acuña, declaró hace poco que usted es uno de los dos grandes gobernadores que ha tenido el Estado en toda su historia. ¿Qué opina al respecto?

   – Por venir de quien viene lo considero un comentario que me enaltece, Se necesita mucho desprendimiento político y mucha categoría moral para emitir en mi circunstancia una opinión tan valiente, como la que ha expresado. Le envío desde este injusto confinamiento un abrazo y mi agradecimiento.

     –  ¿Quisiera usted enviar un mensaje a la gente de Jalisco?

  – A los ciudadanos de Jalisco, a quienes tuve el honor de servir como gobernador del Estado, les digo que pueden tener la plena y absoluta seguridad de que quien fue su gobernador no tiene culpas qué esconder ni desvergüenzas de qué arrepentirse.

    – ¿A qué se dedicará usted cuando obtenga su libertad?

   – A conciliarme con la vida. No es fácil, después de haber sido mutilada mi existencia, poderse deshacer de los rencores que se han incubado en las sórdidas horas de privación de la libertad. Tendré que anudar fuertemente los lazos afectivos de mi familia y la confianza de todas las personas de mi consideración, para que todos sientan que al reintegrarme a la comunidad jalisciense, lo hago sin sonrojo y con la frente en alto. Ciertamente estoy agraviado. Sin embargo, nadie puede vivir de rencores. Superaré mi circunstancia difícil con entusiasmo y decisión. ¡Siempre hay un mañana!
Así terminó la entrevista. Don Flavio me acompañó hasta la salida del Dormitorio 9, justamente hasta donde se encuentra la última reja a la que le permitían llegar y donde había varios guardias. Ahí nos despedimos.

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13 pensamientos en “Perdido en el Reclusorio Oriente. Entrevista con FRV”

  1. Te felicito Javier por esta narración que es sumamente interesante. Qué bueno que nos recuerdas la injusticia de que fue objeto don Flavio Romero de Velasco, organizada desde el poder. Es una lástima que las injusticias cometidas por quienes deben impartir justicia, sigan siendo cosa frecuente, como lo demuestran los abundantes casos que se conocen a través de los medios de comunicación.

    1. Gracias, Paco. Ambos conocemos bien a don Flavio y sabemos que se le cometió una injusticia. Su error, quizás, fue haber confiado en alguien que se decía amigo del Presidente. Pero ello tampoco justificaba lo que le hicieron. La prepotencia, la soberbia del poder… Un abrazo.

  2. Es una entrevista muy valiosa por el entrevistado y sus circunstancias, diríamos de carácter histórico
    yo la catalogaría como la primera parte..
    porque la segunda parte falta aplicarla
    ya con el acopio y conocimiento del desenlace jurídico
    y político..
    Se le debe al Licenciado Romero De Velázco
    propiciaría además su desagravio..
    Mis felicitaciones por tu profesionalismo periodístico!.

    1. Gracias, Enrique. Lo que son las cosas: Al describir el recorrido por el penal hasta llegar al Dormitorio 9 quise darle marco a la entrevista, y resultó un reportaje. Te mando un abrazo.

  3. Sólo con valor y dignidad se pueden dar las respuestas ofrecidas por Don Flavio Romero de Velasco, en las circunstancias en que se encontraba, y de igual manera, sólo con esos preceptos se puede hacer una entrevista como la que tú realizaste.

    Enhorabuena por los dos personajes.

  4. Muy interesante entrevista, sobretodo por tratarse de un personaje de la vida politica de Jalisco aunado a las circunstancias del echo. Felicidades.

    1. Gracias, Chava, por tu comentario. Ciertamente don Flavio es un gran señor, y me satisface haber tenido la oportunidad de entrevistarlo en tan difíciles circunstancias. Saludos.

  5. ´PRECIABLE MAESTRO Y PARIENTE, Varia veces tuve la intención de conocerlo personalmente ,, pero la circunstancias me lo impidieron; Ahora que tengo la oportunidad de tener contacto con Ud. me permito felicitarlo y declarar que me siento muy orgulloso de pertenecer a ese grupo de familiares que ostentan el apellido ” DE LOERA” Ud. es de las personas que enaltecen y llevan con orgullo ese gentilicio así como otras ilustres personalidades que conocí en el CENTO UNIVERSITARIO DE CIENCIAS JURIDICAS Y HUMANIDADES de la U DE G. “FELICITACIONES, tengo la esperanza de algún día concerlo personalmente

  6. Excelente narrativa Javier, Don Flavio, como bien lo dices, fue víctima de un hombre enfermo de fantasías de poder. No obstante debo decir que el Lic. Romero recibió de manera objetiva y oportuna la información relacionada con esta persona en donde quedaba en evidencia el falso papel que había personificado hasta ese momento. Estos documentos fueron entregados a el en lo personal, directamente en sus manos justo en el día de su cumpleaños, llegaba a su casa en su coche, un Ford gran marquis modelo 1984, beige, dos puertas. Desestimó el valor de los documentos entregados ofreciéndoselos a su vez, de manera poco responsable, a la persona que lo engañó diciendo que en los documentos se describía una mentira fantasiosa sobre su persona. Puso en riesgo la integridad de su informante y al ofrecer el expediente al sujeto aludido en ellos, lo respaldó asegurándole que le ofrecía su absoluto apoyo y confianza.
    Ese fue su mayor error.
    Pudo evitar su encarcelamiento, las repetidas vejaciones que sufrió y los problemas que por esto enfrentó.
    Hago patente el absoluto respeto que ofrezco por la gran persona que siempre ha sido el Lic. Romero así como también por las decisiones que en su momento tomó.
    Esto aun cuando Don Flavio nunca tuvo la atención de agradecer por la oportuna advertencia.

  7. Excelente reportaje, narra la realidad de los reclusorios de México y sobre todo el entusiamo que tuvo y tiene ante las adversidades, aunque estas sean injusticias del poder de algunos políticos. Felicidades!

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